El futuro depende de nosotros

Foto por: Sanah Suvarna

Hace un mes y medio tuve la satisfacción de recibir un hermoso título: soy abuelo. Llegó a nuestra vida familiar una bella beba, que después de varios debates y con un poco de lobby que apoyé sin dudar, recibió el nombre de Emilia.

No pensé que este paquetito tibio, movedizo y demandante pudiera tocarme tan íntimamente y, lo que es más sorprendente para mí, hacerme pensar más en el futuro.

Anoche, mientras la tenía en mis brazos y trataba de encantarla con un nuevo sonajero que le compré, de esos que tienen una variedad infinita de luces y sonidos, me di cuenta de algo: mi visión y proyección hacia el futuro habían ganado una dimensión muy interesante, ampliándose hacia una temporalidad menos limitada.

Es una sensación repentina de haberme asociado de manera incondicional a sus décadas de vida futura con mayores ganas de aportar para generar un mundo mejor.

Es muy posible que los amigos que ya pasaron por esto estén pensando que no descubro ni relato nada nuevo, que son experiencias comunes. Sin embargo, me refiero principalmente a que mi visión y proyección sobre el futuro, que ya poseía, ahora corrió su foco mucho más adelante. La vara que sostiene la zanahoria se extendió notablemente.

Basándome en mi propia experiencia, suelo comentar que es muy importante estar al lado de un ser querido cuando en forma biológica y natural llegue al final de su vida y, en la otra punta del camino, vivir la experiencia fantástica de estar presente en un parto.

Tuve la fortuna de experimentar más de una vez ambas situaciones, que me conectaron con un entendimiento natural y empírico de ese proceso casi misterioso que a todos nos involucra.

Ahora, me atrevo a decir que la experiencia de un nieto que nace me proyecta y entusiasma a recorrer con esta pequeñita el trayecto que empieza, que es desafiante, incierto y a la vez fecundo.

Si bien cada mañana me levanto de la cama ambicionando trabajar para que sea una jornada constructiva, Emilia desde sus ojitos asombrados me conecta con todos los niños del mundo y en consecuencia con nuestra responsabilidad para abrazar el futuro pensando en ellos. Como afirma Santiago Bilinkis en su libro Pasaje al futuro, el desafío de adaptación que se viene será difícil y debemos prepararnos para ello.

Necesitamos una reeducación comportamental para dejar de lado la alta dosis de egoísmo que existe y trabajar solidariamente con el fin de entregarles una sociedad más humana y en franca evolución.

¡Gracias, Emilia!!!

Es más importante saber que creer

Foto por Raquel Martínez

Hace unos días conversaba con un joven especialista en marketing y comunicación. Algunas cosas surgidas en la conversación me llevaron a entender que a pesar de los millones de dólares que se invierten en publicidad, la decisión al momento de comprar un servicio o producto es más un fenómeno social y emocional que publicitario.

Conscientes de este fenómeno, las marcas intentan transformarse en movimientos, en corrientes de identificación con valores o actitudes. Esto ha pasado a ser más importante que publicitar el producto y sus beneficios particulares.

También es consecuencia de que los productos de un determinado tipo son muy parecidos entre sí. Tomemos como ejemplo los teléfonos celulares o los autos. Los modelos y las prestaciones son tan similares que podemos confundirlos. Lo que prevalece son las tribus que, por una u otra causa (no siempre explicable), se enamoran de una u otra tendencia, y por ello se utiliza la mayor creatividad posible para generar ese sentido de pertenencia. El teléfono ya no se vende por sus atributos técnicos sino por cuestiones más subjetivas, que pueden significar status, estilo de vida, modernidad, etc.

Hasta aquí, no estoy planteando nada novedoso. Lo que comienza a definirse y resulta interesante para mí es que, paralelamente, crece una especie de contracorriente de personas que no rechazan el consumo y el confort, no son antisistema, pero eligen con más independencia, como una forma de defender su libertad personal. Una actitud que se utiliza como vacuna preventiva contra la saturación producida por la manipulación y la información tendenciosa.

Apliquemos la lógica: pocas personas elegirían un médico u odontólogo por publicidad en Internet o por un anuncio en una revista; la gran mayoría lo hace por recomendación de un amigo o familiar que ya ha probado el servicio que brinda ese profesional. Son personas que basan sus decisiones en las experiencias que les brindan sus allegados. Filtran la información y consumen lo que está previamente validado por opiniones confiables.

Siempre el rumor existió, y siempre hubo hábiles generadores de rumores. Ya en 1998 la Revista Newsweek definía el rumor como un comentario infeccioso: un estado de asombro de la gente, sobre una persona o cosa atractiva.

Hoy todo el mundo está interconectado, el rumor viaja velozmente por redes de comunicación. Más de 7.000.000.000 de personas reciben y redistribuyen información. El mundo se ha transformado en nuestro barrio.

Los influencers se han profesionalizado y actúan utilizando el poder de credibilidad que les brinda su fama, formación académica o éxito alcanzado. Son activos nodos generadores de tendencia. Los políticos se banalizan al punto de lo ridículo, porque pareciera que lo más valioso es ser caras populares.

Sea de la forma que sea, estamos a merced de estrategias y tácticas que constantemente buscan inducirnos y hacernos creer que tomamos decisiones propias al instalar una idea, una necesidad y un condicionamiento.

No es mi área el marketing ni las redes sociales, pero sí me importa el hombre, el autoconocimiento y cómo avanzar hacia la libertad que de ello emerge.

¿Qué podemos hacer para tener mayores certezas y ser menos vulnerables ante este constante bombardeo de información tendenciosa y poco verdadera? En primer lugar, fortalecernos física, emocional y mentalmente. Con esa base estructural tendremos la energía y fuerza vital necesarias para ser librepensadores. Así como seleccionamos nuestros alimentos para no intoxicarnos, debemos hacer lo mismo con lo que leemos, escuchamos y las personas con las que nos vinculamos.

Saber es más importante que creer y, como no nacemos sabiendo, todo requiere constante entrenamiento, aprendizaje y experiencia. Tengamos presente que vivir es elegir.

Hasta la próxima semana.

 

Ser y hacer

Durante el DeROSE Inspiration

El pasado domingo fue especial. Un momento de esos que guardaremos en la cajita especial de las cosas favoritas, las sentidas, las que nos costó llegar a obtener y a las que por ello damos gran valor.

Uno podría decir ¿por qué tan especial?, teniendo en cuenta que fue un evento más entre los muchos que organizamos anualmente. Su propio nombre es una especie de pleonasmo que ayuda a entender esta sensación: DeRose Inspiration, ser y hacer. Digo un pleonasmo porque el profesor DeRose encarna el ser junto con el hacer y es generador de una propuesta metodológica sumamente inspiradora.

El encuentro estaba dirigido a los profesionales del DeRose Method en nuestro país, con invitados provenientes de otras ciudades y países, en calidad de participantes y disertantes.

En un Auditorio colmado se sucedieron charlas en formato TED, con disertantes que discurrieron sobre emprendedorismo, paneles con casos de éxito profesional, momentos de opinión y preguntas, intermedios acompañados de sabrosas comidas y bebidas sin alcohol. Bien pensadas fueron las pausas activas con técnicas corporales y respiratorias para compensar las horas sentados. Entre los mimos recibidos, uno especial fue la terraza, con estilo living al aire libre, para disfrutar de los últimos rayos del sol de abril, reforzando la calidez que caracterizó el encuentro.

Desde hace años participo en muchos eventos de distintos tipos, en ámbitos diferentes, en algunos casos como participante y en otros como disertante. Puedo afirmar que no es habitual el alto porcentaje de participación, considerando que era un domingo de fin de semana largo. Sin embargo, allí estábamos, los antiguos y los nuevos, unidos por el entusiasmo de una profesión linda, útil y que gratifica constantemente.

Uno se siente pleno y realizado si logra enamorarse de algo más grande que uno. Es en ese estado cuando uno se integra consigo mismo y con los demás, cuando surge el deseo de compartir y brindarse plenamente. Es bajar las barreras, y en el ejercicio de la unión con los demás es cuando nos humanizamos y avanzamos hacia el autoconocimiento, la autosuficiencia y la libertad.

En los momentos finales, llegado mi turno para subir al escenario y dirigirme a todas esas caras amigas que esperaban mis palabras, sentí una oleada de emoción y decidí no reprimirla, dejándome envolver por ella. Fue un instante en el cual pasaron aceleradamente frente a mis ojos más de tres décadas de trabajo y dedicación. Pude ver el pasado, el presente y un futuro alentador en las manos de esa gran cantidad de personas jóvenes, dedicadas a preservar y transmitir esta propuesta de calidad de vida y superación personal. Me sentí feliz y agradecido. La semilla que hace décadas logré plantar, germinó y generó raíces fuerte y excelentes frutos.

Por eso quiero dedicar el artículo de esta semana a los que tuvieron la idea de organizar este evento, a los que trabajaron arduamente para realizarlo y a todos los que participaron de una u otra forma.

Recordemos que no nos levantamos cada mañana porque las cosas suceden, lo hacemos cada mañana para que las cosas sucedan.

Que vengan otras ediciones para seguir inspirándonos. Gracias.

 

Todo comienza con una idea

Cierro la computadora, apago el celular, coloco en modo avión la tablet, reduzco la intensidad de las luces del ambiente. Me siento, cómodo, cierro los ojos, respiro lento y profundo y me voy alejando de tantos estímulos que me dispersan de manera constante…

Los pensamientos pasan, las imágenes se suceden como si fueran nubes con formas diversas. Las dejo ir sin deseo de gobernar absolutamente nada. Espero. La inestabilidad de mis pensamientos va aquietándose, me invade una agradable sensación de descanso y plenitud. El tiempo se disuelve en la dimensión de la experiencia, diferente al frenesí y la voracidad del tictac del reloj.

En pocos minutos empiezo a descubrir sensaciones internas, sonidos que están presentes y escondidos por la dispersión. El corazón se presenta con un sonido suave y armónico, marcando el ritmo biológico, sin necesidad de hacer nada para ello.

Simplemente percibo. Estoy dentro de mí, conectado, pero observando, conociendo, sintiendo, descubriendo. Una sensación de placer y satisfacción va cobrando importancia. No podría describir de qué forma, solamente puedo decir que la percibo. La sensación empírica de volver a un centro, de enfocarme, de recuperar fuerzas, me hace sentir integrado y feliz.

Desde ese estado, visualizo una imagen clara de una de mis metas. Enfoco mi atención, veo los detalles, construyo, diseño y programo las acciones que realizaré para lograrlo. En este momento no hay límites, todo es posible. La lógica descansa en el campo de la virtualidad. Una percepción positiva comienza a actuar, con intensidad creciente.

Al final de cuentas sé que todo empieza con una idea que se potencia con fuerza anímica y un toque de entusiasmo y confianza. Cuando inicio un proyecto o decido emprender una tarea, utilizo el proceso de mentalización, que también podríamos llamar de imaginación.

Transcurridos varios minutos, guardo la imagen, con todos sus detalles, con delicadeza, porque sé que tendré que volver a ella repetidas veces para seguir enfocado, fortaleciendo el proceso de construcción.

Así funcionamos, por medio de imágenes que creamos y actúan como predictoras, generando estímulos positivos sobre nosotros mismos. El principal problema es que tenemos miles de ideas pero las dejamos ir, olvidándolas, y muchas veces al recordarlas ya pasó el momento mágico de concretarlas. Precisamos incorporar un método, un sistema, y utilizarlo. Yo tengo el mío.

Antiguas filosofías nos dejaron herramientas técnicas para utilizar esta facultad humana. En la actualidad, la neurociencia lo confirma con otro lenguaje. Ni magia, ni misticismo. Es entrenamiento, un toque de disciplina y aprender las técnicas con un profesional experimentado.

Activemos nuestras capacidades. Están allí, son parte nuestra. Los resultados nos aguardan.

¡Hasta la próxima semana!

¡La meta sos vos!

Foto por Cameron Kirby

Es habitual observar cómo las personas fijan metas y establecen acciones para alcanzarlas. Ese procedimiento es muy adecuado y necesario. Soy uno de los muchos que lo hacen.

Sin embargo, lo que quiero tratar aquí es que el objetivo o meta fijado frecuentemente oculta otros elementos imprescindibles para lograr el resultado. En general, esos elementos que son “tapados” por la meta a lograr se consideran obvios, se los deja a un lado y no se advierte que sin ellos no es posible construir los cimientos necesarios para llegar al objetivo.

Si actuamos en grupo, una premisa para tener en cuenta es que las metas no deben ocultar a las personas. Esto sería un error grave, dado que si el grupo pierde capacidad de cohesión o sinergia, lo más probable es que se intensifiquen los conflictos, se disperse energía en tratar de solucionarlos, se deteriore la “salud” grupal y la oportunidad de alcanzar el objetivo se dificulte.

En cuanto a lo individual, debemos ser conscientes de que, al enfrentar nuevos desafíos, las exigencias se elevan y por lo tanto es necesario prepararse más. Las cosas obvias que la meta nunca debe dejar en segundo plano son todos los recursos que potencian nuestras capacidades. Por ejemplo: en momentos de mayor exigencia es cuando tenemos que alimentarnos mejor, entrenar el cuerpo, respetar los horarios de sueño, buscar formas para administrar las emociones y el estrés, evitar conflictos innecesarios, estar en contacto con personas de las cuales podamos obtener mayores conocimientos que se transformen en recursos. Y, por supuesto, todo sin empañar la meta que, como una luz encendida, estará siempre titilando, guiándonos como un faro al navegante.

Es muy factible que, al leer estas líneas, te digas que lo que recomiendo es una obviedad. Me gustaría mucho que así fuera. Por si acaso y, antes de pasar a otra cosa, te invito a que revises esas “obviedades” en tu vida: tal vez descubras que es el momento de implementar algunos cambios para tener a tu disposición mayores capacidades y energía, que te favorecerán no solamente para alcanzar tus metas sino también para disfrutar el proceso.

Un amigo, practicante de arquería, me comentó en una oportunidad: “cuando después de mucho entrenar, el arquero pasa a ser su arco, su flecha y su blanco, es cuando obtiene el resultado.”

Tal vez sea interesante descubrir que la verdadera y más importante meta sos vos.

¡Hasta la próxima semana!

 

Comer, un acto sensorial…

Foto por Katie Smith

En la actualidad, el ser humano, disperso, se alejó de los sentidos. Imposiciones culturales, hábitos poco saludables, tensiones, estrés… fueron generando la pérdida del verdadero valor que tiene el mensaje sensorial.

Al comer podemos ser parte de esa constelación de estímulos tan agradables, o simplemente arrojar alimentos a nuestro estómago para satisfacer una necesidad.

Volvamos a disfrutar del placer de cocinar nuestros propios alimentos. Experimentar conscientemente los aromas a través del olfato, los sabores mediante el gusto, lo táctil a través de la consistencia y las distintas superficies de los ingredientes que utilizamos al cocinar y comer. Preparemos los platos para que sean atractivos, combinando los colores y decorándolos con creatividad para que la imagen nos estimule.

Disfrutemos del crepitar de las especias dentro de las ollas, del sonido de la sopa al hervir recordándonos los almuerzos en la casa de la abuela, del suave aroma de un pan recién amasado al cocinarse dentro del horno.

Al escribir, voy vivenciando muchas sensaciones que me conectan con imágenes y recuerdos que se tornan muy presentes. Juego con ellas y me transporto hacia esas situaciones sensoriales.

Se come mucho y mal, sin prestar verdadera atención a los alimentos que se ingieren. En nuestra ciudad proliferan los quioscos, que ofrecen productos que generan satisfacción momentánea, no alimentan y contienen enormes cantidades de sustancias químicas. Como consecuencia la obesidad crece de manera preocupante y la salud se deteriora.

Nuestra mente, gobernadora anárquica y rebelde

Foto por Bethany Legg

Voy a imaginar que en el momento en que leés este artículo estás concentrado en él. Sin embargo, puedo afirmar que simultáneamente con la lectura, tus sentidos captan gran cantidad de estímulos, generando exitosas y diferentes formas de dispersión.

Querido lector, no te sientas molesto o herido en tu orgullo por la afirmación que acabo de hacer. Los dos sabemos que es verdad.

Hagamos un rápido test comprobatorio: cerrá los ojos durante un instante y tratá de no pensar en nada. Me atrevo a afirmar que, en forma contraria a lo deseado, los pensamientos se aceleran e invaden tu mente de manera anárquica y rebelde.

Intentemos otra cosa: te invito a cerrar nuevamente los ojos y no pensar en nada. Pero, atención: no pensar en nada y mucho menos en una rosa. En la mayor parte de los casos, aparece la rosa en primer lugar, desafiando la autoridad que queremos imponer al funcionamiento de la mente.

La primera observación es: “si no me hubieras dicho que no pensara en una rosa, no habría pensado en ella…” Y es verdad, dado que el alerta ya generó un condicionamiento.

Con este y muchos otros ejemplos sencillos podemos comprobar que la mente es anárquica, indómita y rebelde a nuestros deseos, que se mantiene en forma constante como una turbina generadora de ideas y pensamientos no buscados y que es la computadora que en todo momento decide lo que debemos hacer. Es simple deducir, entonces, que gran parte de nuestras decisiones no son elegidas y totalmente conscientes.

Para decirlo en forma simple: la mente, al igual que una PC, posee programas y datos que se le fueron cargando en el transcurso de los años vividos. Esa información constituye una especie de hardware que nos condiciona para actuar dentro de paradigmas preestablecidos, que actúan como moldes de interpretación de la vida y sus fenómenos. Esa es la realidad que concebimos, y ⎼como alerta Thomas Kuhn⎼ si no se ajusta a los moldes o condicionamientos, no la percibimos. La información aportada por la cultura en que nacimos nos fue condicionando desde muy niños para actuar en todas las situaciones.

Si coincidimos en que la mente actúa de manera anárquica, influenciada por los paradigmas, por las emociones, por las tendencias diversas de cada época, por las modas, etc., tendremos que aceptar que vivimos en una constante confusión, puesto que no reconocemos si nuestros actos fueron pensados de manera libre o generados por una mente condicionada y confundida.

Si logramos administrar las emociones y aquietar la turbina mental, colocándonos en el lugar de meros observadores, exactamente eso, observadores desvinculados del proceso psicomental, cometeremos menos errores, tendremos mayor objetividad y conseguiremos ser más efectivos y certeros en cada toma de decisión. Paralelamente seremos más lúcidos y felices. Como sabiamente nos dice Humberto Maturana, “no vemos el mundo como es, lo vemos como somos”.

Hoy, la neurociencia estudia y trata de explicar el porqué del fenómeno. La práctica de concentración y meditación, junto con otras técnicas milenarias y preparatorias para lograr un estado de conciencia expandido, nos proporciona los cómo.

Hasta la próxima semana.

 

Guerra, marketing y calidad de vida

Karl von Clausewitz  fue un militar e historiador prusiano que, en su tratado De la Guerra, en ocho volúmenes, realizó un análisis pormenorizado de tácticas y estrategias, con el agregado de una visión filosófica sobre las guerras modernas.

Su obra no solamente fue de notable influencia para sucesivas generaciones que pasaron por las academias militares, sino también en los ámbitos relacionados con el marketing y la gestión empresarial.

Al Ries y Jack Trout dedican su libro Marketing de Guerra al general prusiano y relacionan las acciones bélicas analizadas por aquel escritor con el feroz y competitivo mundo de los negocios.

Esta mirada tiene su origen en un cambio de paradigma empresarial: ya no se trata de enfocar los esfuerzos para satisfacer la demanda del consumidor, sino de poner el ojo en el competidor, dado que en todos los rubros existen diferentes empresas que producen productos similares que, con pequeñas diferencias, satisfacen de igual modo las necesidades del cliente. Este concepto ha transformado los negocios en una verdadera guerra de empresas lanzadas a la búsqueda de espacios de mercado y oportunidades cada vez menos frecuentes.

En tiempos de paz, analizamos la competencia empresarial como acciones similares a las realizadas en el plano bélico, por ello debemos considerar que los generales con más posibilidades de “sobrevivir” son aquellos que están mejor entrenados.

Y aquí está el punto que más me interesa. ¿Cómo son estos entrenamientos en la actualidad? Con frecuencia, en los ámbitos corporativos, los líderes y sus comandados son entrenados exclusivamente en sus funciones específicas, lo cual es un error.

El ejecutivo o líder es una persona que llevará a cabo una tarea específica. Las decisiones, la velocidad de adaptación, la energía para sobrellevar días extensos e intensos, cargados de estrés y jaqueo emocional, requieren un entrenamiento integral y constante. Así se podrá preservar a ese directivo por más tiempo y con buenos resultados, sin perder el gran capital que constituye su experiencia.

Generalmente se olvida que de factores tan obvios y simples como la alimentación, la buena respiración, la energía vital, la buena forma física, el ritmo de sueño, la concentración, la capacidad intuitiva, la administración de las emociones y del estrés, dependerán las certezas, la velocidad en la toma de decisiones, y los resultados.

Este tipo de entrenamiento preservará la calidad de vida de la persona, evitará conflictos y repercutirá positivamente en todos sus liderados y en la sinergia laboral. Algo tan simple como el malhumor del líder del grupo puede ser determinante en los resultados emergentes de un día oscuro.

De la misma forma que los comandos especiales reciben constante entrenamiento militar como forma de protegerlos, las empresas deben mantener programas de entrenamiento obligatorios y preventivos para los que soportan las altas presiones del mundo corporativo. De todos los sistemas que conozco, DeROSE Method es el que me parece más eficiente, al combinar técnicas y conceptos muy valiosos para lograr alta performance y calidad de vida con miras al Autoconocimiento.

De esta forma, con colaboradores bien entrenados se lograrán adaptaciones y cambios de frente rápidos y en bloque. Sabemos que la velocidad de reacción es fundamental en cualquier batalla y depende en gran medida del entrenamiento y la cohesión de los equipos.

Comencemos ahora: cada día de entrenamiento será una posibilidad más de alcanzar los objetivos. Como decía Napoleón, Puedo perder una batalla, pero nunca perderé un minuto.

Hasta la próxima semana.

 

El tic-tac de un domingo

Foto por Loic Djim

Es un domingo que se acaba. Se me ocurre que, si los días fueran como las personas, este ya estaría preparándose para irse a dormir, dándole paso a un nuevo lunes que, como lo hace cada siete días, desea llamar la atención por diversos motivos.

Para muchos es el día de los comienzos, de las promesas recurrentes e incumplidas de cada semana, del proyecto de cambio esperado con júbilo, de reorganizar la agenda para encontrar el espacio de tiempo que permita hacer la actividad postergada.

Son tantas las cosas que se dejan para los lunes. Y esto se repite con otros plazos. Constantemente dejamos para más adelante, para la otra semana, mes, año. Como si tuviéramos la certeza de poder regular el futuro y postergar, siempre postergar.

Mary Singleton escribió un poema relacionado con el tiempo sumamente ilustrativo de esta vocación de dejar para más adelante: “Ah, todo llega a los que esperan”, me digo eso para alegrarme un poco, pero algo me responde con suavidad y tristeza, “llega, pero a menudo llega demasiado tarde”.

El escritor DeRose, gran emprendedor y generador de un movimiento cultural de fuerte influencia en el mundo, sugiere incorporar el “sentido de urgencia”, aclarando que no se trata de vivir presos del estrés o la neurosis sino, por el contrario, vivir con plena conciencia del valor del tiempo y la necesidad de aprovecharlo al máximo para poder construir y materializar nuestras aspiraciones y deseos. Eso nos permitirá ser más útiles en este mundo que habitamos y nos brindará mayor calidad de vida al alimentar una buena autoestima y la satisfacción de conquistar nuestras metas. No hay mayor desazón que la que sentimos al acumular deseos no logrados debido a su recurrente postergación.

Escribí este artículo en el aeropuerto de Belo Horizonte, a las 24 horas de este pasado domingo, en una de las dos escalas que tuve que realizar a mi regreso de Goiania, Brasil. Fue un viaje de tres días de intensa actividad, con cursos, reuniones, exámenes de emprendedores, encuentros sociales, fiestas, cenas. Hice una revisión mental de lo ocurrido y comprobé que no hubo tiempo perdido ni actividades postergadas. Nada dejó de hacerse y me sentí feliz. Experimenté una sensación de realización muy gratificante que compensó mi cansancio y lo reemplazó.

Sonreí al encargado del bar, pedí un café y reinstalé el deseo de disfrutar de este presente ¡haciendo más! Mientras me dejaba llevar por las imágenes de lo acontecido en el fin de semana, miré el reloj y observé que mis pensamientos del futuro ya eran parte de mi pasado. Revisé mi agenda, reprogramé actividades y optimicé las rutinas diarias para los próximos meses. Como un tesoro que todo el mundo desea, encontré yacimientos de tiempo perdidos.

Por eso recomiendo que administremos el tiempo, que logremos ser amos y amigos del tiempo. En caso contrario, se transformará en nuestro propio enemigo.

Hasta la próxima semana. (¡Y no dejes de leerme por “falta de tiempo”!)

El preguntón inspirador

Durante mi visita en Porto Alegre

El pasado fin de semana estuve en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, invitado para dar cursos y disertaciones sobre varios temas. Regresé muy contento por el número de personas que participaron de las actividades y, en especial, la gran cantidad de jóvenes interesados en la superación personal, la calidad de vida y principalmente en la concentración, meditación y autoconocimiento, temática de uno de los cursos.

Una vez más pude comprobar el creciente interés de los jóvenes por obtener herramientas para saber con más certeza quiénes son, elegir mejor, salir de los condicionamientos y paradigmas limitantes y avanzar hacia una vida más libre y creativa.

Aspiran a vivir en una sociedad donde la aceptación de las diferencias esté más presente. Para lograrlo, reconocen la necesidad de ejercitar elecciones que configurarán la filosofía de vida de cada uno.

En este último viaje mantuve diálogos con jóvenes inteligentes, sensibles y encantadores, que desean fervientemente y con la pasión propia de su edad, desarrollarse y crecer como individuos sin perder la solidaridad con los demás y manifestando, entre otras cosas, interés por la ecología, el medio ambiente, el planeta, el sufrimiento de los animales y una alimentación más inteligente.

“Queremos construir otra ética social, sin hipocresías, sin mentiras, sin egoísmos”, me decía un joven de apenas diecinueve años con expresión seria.

Al subir al avión para iniciar mi retorno a Buenos Aires, me senté al lado de otro joven que también regresaba a mi ciudad. Extrovertido, alegre y cargado de entusiasmo, rápidamente inició una interesante conversación, contándome que había participado de un encuentro internacional de jóvenes emprendedores. El diálogo me siguió confirmando que, como él, hay muchos deseosos de generar nuevas opciones, salir de la parálisis paradigmática y avanzar con otra lógica de comportamiento.

Me contó que lidera un espacio de coworking junto a otros jóvenes, en el cual intercambian experiencias entre diferentes áreas de conocimiento, conectados por Internet con otros que viven en diversos países. A pesar de poseer costumbres diferentes, se sienten próximos para realizar emprendimientos en colaboración mutua y coinciden en hacer negocios preservando los valores éticos.

Ante su curiosidad, le expliqué de qué se trata DeRose Method, sus técnicas, y además enfaticé cómo, en coincidencia con su enfoque, en nuestra Red de escuelas las relaciones humanas y el comportamiento son valores fundamentales.

Se interesó más y me atacó por todos los flancos con la más variada y creativa gama de preguntas. Su mayor curiosidad se orientaba a la meditación. Demostró sorpresa al saber que se trata de un proceso técnico. Una herramienta para el Autoconocimiento y el desarrollo de la intuición, sin misticismo ni espiritualismo. Especialmente, quería saber si era algo que podía ser usado en la vida diaria, si tenía un sentido de aplicación práctica.

Al recibir mi respuesta afirmativa y saber que ejecutivos, profesionales, deportistas y estudiantes utilizan esta herramienta en sus vidas mejorando resultados y calidad de vida, manifestó un sincero interés y me solicitó una tarjeta personal.

Antes de bajar del avión le disparé una última pregunta: ¿por qué te interesa practicar meditación? Con una sonrisa me respondió: me interesa el Autoconocimiento, porque si sé quién soy podré comprender más a los demás, seré mejor y obtendré más resultados…

Me despedí y bajé feliz, confiando en los jóvenes y en el porvenir de Emilia, mi nietita, que está preparándose para nacer en estos días …

¡Hasta la próxima semana!

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