El domador y nuestra mente

Disfruté mucho de mi adolescencia. Pasé esa etapa, tan especial en la vida de todos, en una ciudad pequeña del sur de la provincia de Santa Fe. Fueron años de deporte, de largos paseos en bicicleta, de travesuras, desafíos y bromas.

Un día, andando con mis amigos por un camino de tierra que no usábamos habitualmente, descubrimos un rancho escondido entre una arboleda que le otorgaba un cierto aire de misterio. Con ligero temor decidimos acercarnos para investigar y de golpe se nos apareció un personaje extraño: Don Nicanor. Se trataba de un anciano, de muchos años, pero del cual nunca supimos la edad. Andar cansino, piernas curvas, vestido a la usanza de los gauchos, con la típica bombacha y alpargatas. Nos atemorizó su rostro, surcado de arrugas profundas que realzaban sus típicos rasgos indígenas y con una mirada profunda cargada de severidad.

Nunca olvidaré ese encuentro y sus primeras palabras, dichas pausadamente y en tono grave. ¿Qué busca la muchachada por acá?, disparó Don Nicanor mientras nos miraba con fijeza y cierta sonrisa burlona, consciente de nuestro susto.

Estamos paseando, respondimos rápidamente. Somos del pueblo y creíamos que aquí no vivía nadie, completamos.

Instantáneamente Don Nicanor cambió el semblante, nos dijo que él vivía en el lugar, que estaba solo y que si queríamos podíamos compartir unos mates con él.

Intercambiamos miradas y accedimos a la invitación temiendo que rechazarla fuera una ofensa para ese hombre que, si bien nos inquietaba, también nos despertaba una gran curiosidad. Esta fue la primera de muchas visitas a Don Nicanor, al cual fuimos conociendo y con quien establecimos una especie de convenio tácito: le llevábamos alimentos y a cambio nos brindaba algunas historias que nos encantaba escuchar. Así, supimos que Don Nicanor era descendiente directo de querandíes y su profesión era la de domador, especialmente de aquellos potros que no se sometían a la doma convencional. De acuerdo con sus propias palabras, los blancos no sabían tratar con los caballos; en cambio, lo que él hacía era establecer una relación de confianza y respeto mutuo, sin violencia, con constancia, para ir sacándole las cosquillas al animal.

Esta historia actualmente la utilizo para comparar la relación que debemos establecer con nuestro complejo psico-mental. La mente es dispersa y funciona todo el tiempo de manera anárquica, sin obedecernos. Para comprobarlo, probemos a cerrar los ojos un instante y tratemos de no pensar en nada. No será posible lograrlo sin entrenamiento previo. Por el contrario, la vorágine de ideas, imágenes y pensamientos se acelerará de inmediato, en una clara demostración de rebeldía.

La mente desea dispersarse, dejarse llevar por los miles de estímulos que le llegan por vía sensorial, como un potro al galope, lo que aumenta nuestras incertezas y las probabilidades de cometer errores al tomar decisiones.

¿Qué podemos hacer para mejorar en este sentido? Poner en práctica los consejos de Don Nicanor y establecer una relación diferente con nuestra mente, que nos permita tomar las riendas. El primer ejercicio será tratar de concentrarnos en una sola de las dispersiones (una imagen, un sonido, una idea, un aroma, etc.) hasta fortalecerla tanto, que las otras dispersiones existentes dejen de tener protagonismo.

El desarrollo de la concentración nos permitirá entre otras cosas ahorrar tiempo, cometer menos errores, ser más certeros, y será la primera etapa para alcanzar otros estados de conciencia de gran utilidad. Pero eso será tema para la semana próxima.

El valor de la percepción

No es ninguna novedad: la forma de ver y entender las situaciones que debemos enfrentar suele centrarse en el análisis y la lógica, mecanismos propios de nuestra cultura occidental.

Esa caja de la lógica, como algunos la han llamado, se alimenta primeramente de nuestros condicionamientos y paradigmas. Al analizar cualquier hecho, situación, actitud o persona, necesitamos que entre en los límites que consideramos lógicos, para aceptarlo. Lo interesante es que esos “límites” tienen estricta relación con los condicionamientos generados en base a nuestro aprendizaje y la cultura en la cual nos hemos desarrollado.

Haber elevado este mecanismo a un lugar de tanta importancia fortalece los “límites”, derivando en un alto grado de dureza o falta de flexibilidad en quien actúa de esa forma. Inflexibilidad o dureza son como un virus o un bacilo de efecto letal para todos, especialmente para los líderes o emprendedores de nuestro tiempo.

El paradigma nos impide ver más allá de lo que creemos saber, al punto de no reconocer las oportunidades o la imperiosa necesidad de un cambio o adaptación. El miedo a tener en cuenta lo que  está fuera de los límites de esa lógica singular, paraliza e incluso anula la voluntad de intentarlo.

Ese temor está fundamentado en que sabemos que, cuando uno cambia de paradigma, todo vuelve a cero. Para algunos, esto constituye una oportunidad que seduce; para otros es ingresar en un terreno desconocido y atemorizador.

Y es aquí donde regreso a la percepción y su importancia en la toma de decisiones. No olvidemos que cuando se produce un cambio en la percepción, no son los hechos los que cambian sino sus significados.

¿Podremos reducir la rigidez paradigmática? Como en la mayor parte de las situaciones, la respuesta es sí. Es posible entrenar y desarrollar la capacidad de percibir más claramente las situaciones. Constituye una de nuestras capacidades y debemos potenciarla para comenzar a utilizarla de manera consciente. El análisis y la estadística vienen imponiéndose sobre la capacidad de percepción; por eso es necesario que esta recupere su importancia, al mismo nivel que la de aquellos.

Para lograrlo, lo primero es recuperar la capacidad de enfocarnos en lo que estamos haciendo, especialmente si se trata de relaciones humanas. La dispersión que genera estar redactando un informe, hablando por teléfono, comiendo un sándwich y conversando con un subalterno atenta contra la productividad, incrementa la probabilidad de errores, lleva a una reducción de la efectividad y la consecuente desilusión del que desea comunicarnos algo.

 Como consecuencia irán aumentando, hora tras hora, el cansancio, la ansiedad y el estrés. Si este mecanismo se instala, será una importante causa de deterioro no solamente en la productividad laboral sino también en la vida afectiva y familiar.

Investigando en filosofías milenarias surgidas en otras culturas, observamos que entre las formas de conocimiento correcto está la capacidad de percibir al otro, de entenderlo, de sentirlo, tratando de ser el otro, de pensar desde su visión. Esta percepción y sensibilidad nos ofrecen la posibilidad de tener mayores certezas y reducir los conflictos.

Comenzá por entrenar tu concentración, focalizate con fuerza en tus objetivos, uno a la vez. Interesate en las personas, ya sean tus superiores, subalternos, clientes, amigos o familiares. Todos son valiosos y todos merecen que les dediquemos nuestra plena atención.

Además, siempre podemos aprender a través del otro.

Hasta la próxima semana.

 

Lo sencillo y lo importante

Desde hace un tiempo decidí que unos de los principales temas que analizaría en este blog es el liderazgo. Como consecuencia de esta observación, a la cual se suma mi propia experiencia ejerciendo funciones de conducción en diferentes ámbitos, fui distinguiendo un fenómeno que se repite en cada charla, conferencia o curso, cuando solicito a los presentes que levanten la mano aquellos que se sienten líderes.

El resultado es similar en todas las oportunidades. Un pequeño porcentaje se identifica o se atreve a identificarse con esa característica y eleva su mano. El resto permanece con cierta sensación de incomodidad, como si hubieran sido descubiertos pese a su deseo de pasar inadvertidos.

Esto me llevó a observar con mayor interés la situación, en el afán de descubrir si se encuadraba en algún patrón o medición que me permitiera entender más esa actitud y, en consecuencia, trabajar para revertirla favorablemente.

Llegué a la conclusión de que no se trata de una exclusiva inhibición de tipo emocional ante la pregunta y el público, que pueda generar inseguridad. Es algo diferente:  básicamente es no reconocerse líderes por estar dentro del paradigma de que los líderes son héroes o figuras casi épicas que recuerda la historia.

Los liderazgos de tipo cotidiano llegan a personas que se encuentran en ámbitos próximos. Muchas veces, sus acciones son profundamente motivadoras de cambio, pero no alcanzan trascendencia pública o histórica.

Es un gran error considerar que lo sencillo deja de ser importante. Me produce tristeza que, dependiendo de la personalidad y el carácter del individuo, esta caracterización del liderazgo termine siendo paralizante, dado que si no se ve en las metas la gran obra o la tarea que cambiará al Mundo, se deja de actuar o se pospone indefinidamente la acción, con consecuencias negativas para la autoestima.

Si hacemos memoria, seguramente cada uno de nosotros recordará motivaciones recibidas a través de pequeños ejemplos o palabras que fueron el combustible para “encender” la maquinaria que permitió lograr metas o descubrir condicionamientos paralizantes y modificarlos. El inicio de una construcción de logros positivos.

Siempre recuerdo a mi abuelo, un líder que considero adelantado para su época, recordándome en mi adolescencia que todos ejercemos alguna tarea de liderazgo y que los mejores son los que se asumen como líderes, buscando siempre desarrollar los talentos de los demás e intentando conciliar las necesidades y virtudes de todos.

Es importante comenzar a expandir la conciencia de que, sin notarlo, hacemos cosas que resultan motivadoras o inspiradoras para otros. En ese intercambio de relaciones humanas podemos aprender del otro si estamos abiertos y atentos. Reconocer esto es asumir la responsabilidad de tratar de ser mejores cada día, reforzando nuestra ética, comportamientos y civilidad porque, de esa forma, seremos líderes de cambio en todos los ámbitos.

En el mundo corporativo, empresario, educativo, recreativo, etc., siempre podemos mejorar, aportando a uno o a miles este concepto contagioso y positivo, y recordando que lo sencillo también es importante.

Hasta la próxima semana.

La virtud y el ejemplo: una contribución en el liderazgo

Cuando se menciona la palabra virtud, parece conducirnos a un terreno utópico y de poca practicidad. La mayoría se conecta con reminiscencias de filósofos y culturas antiguas, en los cuales las especulaciones teóricas buscaban encontrar respuestas para inquietudes existenciales.

En nuestro tiempo de velocidad y creciente ansiedad por alcanzar resultados rápidos, no parece algo que interese demasiado.

Sin hacer juicios de valor comparando tiempos pasados con presentes, siento la necesidad de compartir la idea de rescatar con urgencia la importancia de las virtudes, desde una visión pragmática y superadora para aquél que las incorpora a su vida cotidiana.

Tengamos en cuenta que virtud deriva del latín virtus. Significa conjunto de cualidades propias de la condición de hombre, actividad o fuerza de las cosas para producir o causar efectos, y también fuerza, vigor o valor.

Si partimos de la etimología de la palabra podemos deducir que incorporar y sostener una virtud es una potencia, un acto de fuerza y valor que colocará al que se conduce de forma virtuosa por encima de las situaciones cotidianas que debe enfrentar. Puedo aseverar por experiencia propia que vivir y relacionarse respetando valores y conceptos virtuosos genera menos complicaciones y abre puertas a otras posibilidades.

¿Cómo podemos definir las virtudes que son propias de las cosas y de los hombres? Trataré de ejemplificarlo basándome en una comparación de André Comte-Sponville al decir que la virtud de un cuchillo es cortar bien, independiente de la mano que lo sostenga o del objeto que pretenda cortar…. ¿Y qué pasa con nosotros, los humanos?

Bien, este es el punto. Diferenciemos el hecho biológico de ser homínidos del hecho cultural y comportamental de pretender ser humanos. Nuestro compromiso es avanzar hacia la humanización, y para ello precisamos incorporar valores esenciales propios y que, al comportarnos dentro de esos parámetros, nos permitan evolucionar individual y colectivamente, además de facilitar la convivencia.

El punto de partida es actuar sobre nosotros mismos, viviendo con coherencia dentro de los valores y virtudes elegidos. Hacerlo implica una disposición para conducirnos bien y, seguramente, una manera de inspirar a los que interactúan con nosotros. Esta responsabilidad es fundamental, especialmente para quienes lideran grupos.

Es una actitud, una forma de vida y no un concepto exclusivamente teórico. Una incorporación práctica en los hechos, en cada cosa que realicemos o pensemos.

La energía que pongamos para lograrlo marcará una actitud positiva que influirá benéficamente en nuestra conducta y en consecuencia se extenderá a todos los que integran nuestro entorno social.

Algunos pensarán que es una propuesta ingenua, trabajosa o incluso imposible. Sin embargo, nos brinda enormes frutos. En mi experiencia, hay pocas cosas tan gratificantes como ver a un hijo, a un alumno o compañero de tareas asumiendo actitudes virtuosas, y sentir la satisfacción de haber logrado transmitir valores por medio del ejemplo y de la convivencia.

Así, por contagio, se logran modificaciones más auténticas que las que se intentan por imposición. En todos los grupos que me ha tocado liderar, esta actitud siempre me dio resultado, generando ámbitos más amables, productivos y éticamente enriquecedores.

Al final de cuentas, si queremos cambiar el mundo, nada más útil y coherente que empezar por nosotros mismos.

¡Hasta la próxima semana!

Prospectiva y karma

Corren tiempos de velocidad creciente. Pareciera que el mundo se acelera de manera inexorable. Las dinámicas de aprendizaje y la forma de conducir corporaciones, grupos humanos y nuestra propia vida familiar y afectiva se encuentran en permanente revisión y adaptación.

Para algunos, ese ritmo entusiasma y produce evolución. Son los que deciden adaptarse y entrenan para ser rápidos, flexibles y fortalecer la intuición, anticipándose a los cambios o pudiendo esquivar las consecuencias negativas de algún inesperado cisne negro. Otros se quejan, sueñan con tiempos pasados y desean que todo se ajuste nuevamente a su mundo predecible, proyectando su ilusión hacia el porvenir.

Actualmente es habitual el uso de la palabra “prospectiva” para referirse al futuro, especialmente en los ámbitos de emprendedores. La Real Academia Española la define como “conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o predecir el futuro en una determinada materia”.

A pesar que muchos investigan sobre probabilidades y tendencias con el deseo genuino de anticiparse a los hechos, las circunstancias nos muestran que el mundo cambia velozmente y nadie puede predecir, a ciencia cierta, el futuro.

Sin embargo, hay dos puntos relevantes que no suelen tenerse en cuenta: el primero es que la mayor parte de los acontecimientos que nos sorprenden vienen madurando desde antes de producirse; el segundo, que no se los aprecia, ya sea por condicionamientos o paradigmas, que crean una especie de ceguera o, muchas veces, porque quisiéramos tanto que no ocurran, que directamente los negamos.

En la seguridad de que esto que nos pasa hoy ya lo vivieron nuestros antepasados, probablemente a menor velocidad, en diferentes momentos, contextos y situaciones, es bueno revisar la historia y las opiniones de otras culturas y filosofías. Es así como rescato la palabra sánscrita karma, que importaron de Oriente grupos de ocultismo y espiritualismo, luego fue cristianizada y terminó significando una especie de destino trágico que no puede ser modificado. Se generó de esta forma una confusión, entre las tantas que existen en la interpretación de culturas diferentes a la occidental.

En origen, karma significa acción, una ley natural de acción y reacción. Si arrojo algo hacia lo alto, indefectiblemente caerá. Este análisis tan simple que realizan los hindúes permite entender y manejar el fenómeno según principios de la física y no de supuestas causas espirituales.

Existe una comparación para comprender más claramente cuánto de esa acción y reacción está en nuestras manos. Imaginemos a un arquero que decide lanzar su flecha sobre un blanco determinado. Tomará la flecha, la colocará en el arco, tensará la cuerda hasta el punto que considere conveniente, elegirá la dirección y llegará al punto de soltarla o no. Hasta ese momento hay un karma potencial: un setenta por ciento del proceso está administrado voluntariamente por el arquero. Al lanzar la flecha se activa el karma y pueden existir circunstancias ajenas a quien dispara: tal vez un golpe de viento, un obstáculo que se interpone en el camino de la flecha o alguna otra situación imprevista. Analizando matemáticamente el proceso, vemos que hay dos tercios que son administrados contra un tercio que funciona fuera del dominio del arquero, lo cual es sumamente alentador.

¿Qué podríamos hacer para cubrir las situaciones no previstas que corresponden al tercio restante?

Uno de los recursos más eficientes, antiguos y probados consiste en desarrollar la poco usada intuición lineal. Existen herramientas que permiten desarrollar este proceso, abriendo un nuevo canal de conocimiento. Su nombre en sánscrito es dhyána, un sistema técnico probado y utilizado durante miles de años.

Permite obtener mayores certezas, estar alerta sin estrés y tomar decisiones más rápidas en un mundo veloz y cambiante.

¡La semana que viene les cuento más!

 

La necesidad de adaptación de los líderes

Sabemos que la sociedad cambia velozmente de costumbres. Este proceso se acelera alcanzando una velocidad que genera vértigo y nos obliga a entender los cambios en lugar de rechazarlos; subirnos a las tendencias y ver cómo manejamos los grupos humanos, dentro de las actuales modalidades de relaciones más flexibles.

Conduzco grupos desde hace tiempo y, consciente de estos vertiginosos giros, opté por no oponerme y, por el contrario, aprovechar esa energía a mi favor.

Recuerdo los años en que viví en Iguazú, provincia de Misiones, donde practicaba remo en los caudalosos ríos Iguazú y Paraná. Allí aprendí que hay momentos en que, en lugar de agotarse remando contra la corriente, es más inteligente dejarse llevar por ella y sutilmente orientar la embarcación hacia la costa, disfrutando del remanso.

Actualmente, la tarea del líder es desarrollar una afinada intuición para estar atento a los cambios o movimientos en ciernes, sin perder la visión.

El liderazgo vertical se ha ido modificando hacia una estructura horizontal, en la cual la tarea es más la de un coordinador/facilitador que la de un líder que conduce desde el poder.

Está muy claro que quien acepta el lugar de líder de grupo debe saber que no se trata de un privilegio, sino de aceptar la responsabilidad de velar no sólo por su desempeño sino, sobre todo, por el éxito de las otras personas.

Coincido plenamente con la opinión de Peter Drucker, uno de los pensadores en el área de negocios y liderazgo más influyentes de la historia: “el éxito, así como la felicidad, no debe ser buscado; debe ser una consecuencia, y esto solo se produce cuando el efecto colateral, no intencional, de la dedicación de una persona a una causa, es más grande que ella misma.”

Los líderes actuales deben ser conectivos. Esto implica lograr una plena integración de sus grupos, buscando valores compartidos que faciliten la convivencia y permitan llevar adelante con eficiencia el trabajo necesario para cumplir las metas.

Los buenos resultados en la actualidad son consecuencia del aporte de varios. Las ideas y realizaciones son colectivas. Los líderes deben aprender a cambiar plásticamente de rol en los equipos. Si el líder sabe que un comandado tiene mayor talento para enfrentar un problema o lograr un resultado, mostrará su capacidad y adaptabilidad delegando temporariamente en él la coordinación del grupo.

Por experiencia puedo afirmar que en todas las oportunidades en que adopté esta táctica, en lugar de haber perdido autoridad, se reforzó mi imagen y se fortalecieron los buenos vínculos con el grupo.

Para que esto funcione, el líder o coordinador debe estar atento y perceptivo de las emociones, deseos, situaciones familiares y personales que afectan a cada uno de los integrantes de su grupo. Y realizar un trabajo de docencia, instalando un proceso de humanización, respetando los límites éticos y comportamentales que surgen de los valores que el propio equipo fije para su convivencia.

Recordemos que nunca la suma de las partes será mayor que la fuerza de un grupo sinceramente unido y dispuesto a obtener un fin determinado.

¡Hasta la próxima semana! 

 

La fuerza de las ideas colectivas

Foto por: Medhat Ayad

Todos sabemos que la unión hace la fuerza. Esta expresión es popular en prácticamente todos los idiomas. Ya sea l’ union fait la forcé en francés, unity makes strength en inglés o einigkeit macht stark en alemán, está presente en todo el mundo. Llega a constituir un valor nacional en algunos países, por ejemplo, es utilizado por Bulgaria y Haití en su escudo nacional de armas.

En nuestra literatura gauchesca, Martín Fierro nos dice con sabiduría: los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera.

Como vemos, no es ningún secreto que, al pasar los años, el hombre ha ido comprobando que si estamos juntos se genera una sumatoria de fuerzas y capacidades que favorece tanto a los integrantes en forma individual como, lógicamente, al grupo.

Lo más valioso no es únicamente estar juntos, sino estar unidos, lo que constituye una importante diferencia.

La palabra de origen griego egrégora designa la fuerza generada por la sumatoria de las energías físicas, emocionales y mentales de dos o más personas cuando se reúnen con un fin determinado. Esta definición citada por el escritor DeRose enfatiza de manera muy clara que no es solamente estar juntos, debe existir un fin determinado; esa decisión es lo que va a generar un poder mayor que permitirá actuar en consecuencia.

En la actualidad, el conocimiento fluye velozmente porque existe el paradigma de compartirlo. Esta nueva costumbre genera unión de ideas. Como dice Steven Johnson ⎼en su charla TED “¿De dónde provienen las buenas ideas?”⎼, las ideas tienen sexo, se multiplican y procrean nuevas ideas superadoras si estamos juntos, unidos por el deseo de actuar colectivamente para un logro mayor que el de cada uno de nosotros.

En todos los tiempos, los humanos se juntaron a pensar, conversar, enseñar y compartir. Van cambiando los formatos y las tecnologías, pero la necesidad existe, es parte nuestra y se desarrolla a una velocidad sorprendente.

Desde las reuniones frente a la hoguera hasta los espacios de coworking es vital la unión con otros para compartir deseos, proyectos o inquietudes. Verdaderos nodos vivientes que se interconectan en forma constante.

Es ahora el momento de embarcarse sin temor en ese río de comunicación, con el deseo de compartir saberes, experiencias y siendo conscientes de que, para todo lo que nos propongamos realizar o crear, precisamos estar con otras personas.

Más que la idea individual, lo que importa es el pensamiento colectivo, en el que cada uno de nosotros es una pequeña parte de una interacción ilimitada.

Hasta la semana próxima.

 

El futuro depende de nosotros

Foto por: Sanah Suvarna

Hace un mes y medio tuve la satisfacción de recibir un hermoso título: soy abuelo. Llegó a nuestra vida familiar una bella beba, que después de varios debates y con un poco de lobby que apoyé sin dudar, recibió el nombre de Emilia.

No pensé que este paquetito tibio, movedizo y demandante pudiera tocarme tan íntimamente y, lo que es más sorprendente para mí, hacerme pensar más en el futuro.

Anoche, mientras la tenía en mis brazos y trataba de encantarla con un nuevo sonajero que le compré, de esos que tienen una variedad infinita de luces y sonidos, me di cuenta de algo: mi visión y proyección hacia el futuro habían ganado una dimensión muy interesante, ampliándose hacia una temporalidad menos limitada.

Es una sensación repentina de haberme asociado de manera incondicional a sus décadas de vida futura con mayores ganas de aportar para generar un mundo mejor.

Es muy posible que los amigos que ya pasaron por esto estén pensando que no descubro ni relato nada nuevo, que son experiencias comunes. Sin embargo, me refiero principalmente a que mi visión y proyección sobre el futuro, que ya poseía, ahora corrió su foco mucho más adelante. La vara que sostiene la zanahoria se extendió notablemente.

Basándome en mi propia experiencia, suelo comentar que es muy importante estar al lado de un ser querido cuando en forma biológica y natural llegue al final de su vida y, en la otra punta del camino, vivir la experiencia fantástica de estar presente en un parto.

Tuve la fortuna de experimentar más de una vez ambas situaciones, que me conectaron con un entendimiento natural y empírico de ese proceso casi misterioso que a todos nos involucra.

Ahora, me atrevo a decir que la experiencia de un nieto que nace me proyecta y entusiasma a recorrer con esta pequeñita el trayecto que empieza, que es desafiante, incierto y a la vez fecundo.

Si bien cada mañana me levanto de la cama ambicionando trabajar para que sea una jornada constructiva, Emilia desde sus ojitos asombrados me conecta con todos los niños del mundo y en consecuencia con nuestra responsabilidad para abrazar el futuro pensando en ellos. Como afirma Santiago Bilinkis en su libro Pasaje al futuro, el desafío de adaptación que se viene será difícil y debemos prepararnos para ello.

Necesitamos una reeducación comportamental para dejar de lado la alta dosis de egoísmo que existe y trabajar solidariamente con el fin de entregarles una sociedad más humana y en franca evolución.

¡Gracias, Emilia!!!

Es más importante saber que creer

Foto por Raquel Martínez

Hace unos días conversaba con un joven especialista en marketing y comunicación. Algunas cosas surgidas en la conversación me llevaron a entender que a pesar de los millones de dólares que se invierten en publicidad, la decisión al momento de comprar un servicio o producto es más un fenómeno social y emocional que publicitario.

Conscientes de este fenómeno, las marcas intentan transformarse en movimientos, en corrientes de identificación con valores o actitudes. Esto ha pasado a ser más importante que publicitar el producto y sus beneficios particulares.

También es consecuencia de que los productos de un determinado tipo son muy parecidos entre sí. Tomemos como ejemplo los teléfonos celulares o los autos. Los modelos y las prestaciones son tan similares que podemos confundirlos. Lo que prevalece son las tribus que, por una u otra causa (no siempre explicable), se enamoran de una u otra tendencia, y por ello se utiliza la mayor creatividad posible para generar ese sentido de pertenencia. El teléfono ya no se vende por sus atributos técnicos sino por cuestiones más subjetivas, que pueden significar status, estilo de vida, modernidad, etc.

Hasta aquí, no estoy planteando nada novedoso. Lo que comienza a definirse y resulta interesante para mí es que, paralelamente, crece una especie de contracorriente de personas que no rechazan el consumo y el confort, no son antisistema, pero eligen con más independencia, como una forma de defender su libertad personal. Una actitud que se utiliza como vacuna preventiva contra la saturación producida por la manipulación y la información tendenciosa.

Apliquemos la lógica: pocas personas elegirían un médico u odontólogo por publicidad en Internet o por un anuncio en una revista; la gran mayoría lo hace por recomendación de un amigo o familiar que ya ha probado el servicio que brinda ese profesional. Son personas que basan sus decisiones en las experiencias que les brindan sus allegados. Filtran la información y consumen lo que está previamente validado por opiniones confiables.

Siempre el rumor existió, y siempre hubo hábiles generadores de rumores. Ya en 1998 la Revista Newsweek definía el rumor como un comentario infeccioso: un estado de asombro de la gente, sobre una persona o cosa atractiva.

Hoy todo el mundo está interconectado, el rumor viaja velozmente por redes de comunicación. Más de 7.000.000.000 de personas reciben y redistribuyen información. El mundo se ha transformado en nuestro barrio.

Los influencers se han profesionalizado y actúan utilizando el poder de credibilidad que les brinda su fama, formación académica o éxito alcanzado. Son activos nodos generadores de tendencia. Los políticos se banalizan al punto de lo ridículo, porque pareciera que lo más valioso es ser caras populares.

Sea de la forma que sea, estamos a merced de estrategias y tácticas que constantemente buscan inducirnos y hacernos creer que tomamos decisiones propias al instalar una idea, una necesidad y un condicionamiento.

No es mi área el marketing ni las redes sociales, pero sí me importa el hombre, el autoconocimiento y cómo avanzar hacia la libertad que de ello emerge.

¿Qué podemos hacer para tener mayores certezas y ser menos vulnerables ante este constante bombardeo de información tendenciosa y poco verdadera? En primer lugar, fortalecernos física, emocional y mentalmente. Con esa base estructural tendremos la energía y fuerza vital necesarias para ser librepensadores. Así como seleccionamos nuestros alimentos para no intoxicarnos, debemos hacer lo mismo con lo que leemos, escuchamos y las personas con las que nos vinculamos.

Saber es más importante que creer y, como no nacemos sabiendo, todo requiere constante entrenamiento, aprendizaje y experiencia. Tengamos presente que vivir es elegir.

Hasta la próxima semana.

 

Ser y hacer

Durante el DeROSE Inspiration

El pasado domingo fue especial. Un momento de esos que guardaremos en la cajita especial de las cosas favoritas, las sentidas, las que nos costó llegar a obtener y a las que por ello damos gran valor.

Uno podría decir ¿por qué tan especial?, teniendo en cuenta que fue un evento más entre los muchos que organizamos anualmente. Su propio nombre es una especie de pleonasmo que ayuda a entender esta sensación: DeRose Inspiration, ser y hacer. Digo un pleonasmo porque el profesor DeRose encarna el ser junto con el hacer y es generador de una propuesta metodológica sumamente inspiradora.

El encuentro estaba dirigido a los profesionales del DeRose Method en nuestro país, con invitados provenientes de otras ciudades y países, en calidad de participantes y disertantes.

En un Auditorio colmado se sucedieron charlas en formato TED, con disertantes que discurrieron sobre emprendedorismo, paneles con casos de éxito profesional, momentos de opinión y preguntas, intermedios acompañados de sabrosas comidas y bebidas sin alcohol. Bien pensadas fueron las pausas activas con técnicas corporales y respiratorias para compensar las horas sentados. Entre los mimos recibidos, uno especial fue la terraza, con estilo living al aire libre, para disfrutar de los últimos rayos del sol de abril, reforzando la calidez que caracterizó el encuentro.

Desde hace años participo en muchos eventos de distintos tipos, en ámbitos diferentes, en algunos casos como participante y en otros como disertante. Puedo afirmar que no es habitual el alto porcentaje de participación, considerando que era un domingo de fin de semana largo. Sin embargo, allí estábamos, los antiguos y los nuevos, unidos por el entusiasmo de una profesión linda, útil y que gratifica constantemente.

Uno se siente pleno y realizado si logra enamorarse de algo más grande que uno. Es en ese estado cuando uno se integra consigo mismo y con los demás, cuando surge el deseo de compartir y brindarse plenamente. Es bajar las barreras, y en el ejercicio de la unión con los demás es cuando nos humanizamos y avanzamos hacia el autoconocimiento, la autosuficiencia y la libertad.

En los momentos finales, llegado mi turno para subir al escenario y dirigirme a todas esas caras amigas que esperaban mis palabras, sentí una oleada de emoción y decidí no reprimirla, dejándome envolver por ella. Fue un instante en el cual pasaron aceleradamente frente a mis ojos más de tres décadas de trabajo y dedicación. Pude ver el pasado, el presente y un futuro alentador en las manos de esa gran cantidad de personas jóvenes, dedicadas a preservar y transmitir esta propuesta de calidad de vida y superación personal. Me sentí feliz y agradecido. La semilla que hace décadas logré plantar, germinó y generó raíces fuerte y excelentes frutos.

Por eso quiero dedicar el artículo de esta semana a los que tuvieron la idea de organizar este evento, a los que trabajaron arduamente para realizarlo y a todos los que participaron de una u otra forma.

Recordemos que no nos levantamos cada mañana porque las cosas suceden, lo hacemos cada mañana para que las cosas sucedan.

Que vengan otras ediciones para seguir inspirándonos. Gracias.

 

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