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Las buenas relaciones humanas producen riqueza

Foto por Ben Duchac

Estamos en una etapa de cambio acelerado. Modelos de conducta que se sostuvieron durante siglos y que inspiraron a varias generaciones ya no son efectivos y deben ajustarse a los nuevos tiempos. Como todos los procesos de tipo comportamental y cultural, suelen ser difíciles de implementar y hasta conflictivos. Hoy vivimos en un momento de modificación de valores y formas, y no se trata únicamente de un cambio estético: es consecuencia de algo más profundo y que tiene que ver con necesidades del hombre en su pura esencia.

Son adaptaciones que vienen sucediéndose desde hace tiempo y que se están acelerando al punto de sobrepasar nuestra capacidad de asimilación.

El hombre avanza velozmente sobre sus límites y la tecnología es la expresión tangible de esa velocidad. Una de las principales situaciones en que podemos ver el cambio social y de enfoque, es la tendencia a compartir el conocimiento: el que crea, descubre o mejora algo, lo sube a las redes permitiendo que lo utilicen los siete mil millones de vecinos que habitan el planeta; se comparten los espacios para trabajar (coworking), o los lugares en los autos particulares (carpooling); surgen nuevas alternativas en los formatos de familia y en las relaciones afectivas; la mujer avanza en sus derechos y los hombres se responsabilizan y disfrutan de un rol más maternal.

Existe mayor conciencia en el cuidado del medio ambiente. Se fortalecen opciones alimentarias más sensibles, como el vegetarianismo, el veganismo y otras modalidades más o menos radicalizadas. Este desarrollo veloz de la actitud de no comer animales muestra un cambio de paradigma muy fuerte, ya que se relaciona con conductas más generales: es salirse de la concepción homocéntrica y dejar de considerar que la especie Homo está en el centro de todas las formas de vida y tiene el derecho auto-concedido de disponer de todos los demás seres, incluso cuando su utilización cruel y bárbara traiga deterioro del ecosistema. Los jóvenes, especialmente, están ávidos de sociedades más humanas y adoptan el comportamiento más lógico de respeto a la vida animal: no comerlos.

Claro está que, como la evolución es oscilante y no lineal, hay hechos o movimientos que contradicen esta espiral evolutiva. Por ejemplo, en un aspecto hablamos de una globalización que incluye a millones de humanos en el planeta y, por otro, surgen los movimientos separatistas o fundamentalistas.

En esa misma fricción de altos y bajos es donde la evolución se procesa y fortalece. No hay que desesperarse; llevará tiempo la consolidación de los cambios y, si bien ⎼medidas en términos de la duración de nuestra vida⎼ tres o cuatro décadas nos parecen mucho, comparadas con el total de la existencia de la especie, sólo son un leve hipo del tiempo.

Cada uno de nosotros puede colaborar con esta tendencia estableciendo buenas relaciones humanas. Es innegable que humanizar y mejorar los vínculos nos hará más felices. En lo laboral, será el mejor recurso para optimizar resultados y, como consecuencia, producir más riqueza.

Hasta la semana próxima.

Cooperación, el gran poder humano

Foto por Alex Sajan

En la velocidad de la vida actual, a veces no nos detenemos a entender el proceso evolutivo del cual somos parte. Diversas teorías pretenden explicar cuál fue el secreto del homo sapiens para lograr prevalecer sobre neandertales, denisovanos y otros, de la misma especie. Si bien hace 50.000 años coexistían, esas otras variedades también consideradas homos fueron desapareciendo, y la que actualmente somos, sapiens-sapiens, se ha enorgullecido durante los últimos 10.000 años de ser la única especie humana y la más evolucionada del reino animal.

La sospecha que tienen los científicos al analizar el enorme tiempo que nos precede es que, al llegar los sapiens a una nueva localidad, la población nativa se extinguía.

En su libro Homo Deus, el escritor Yuval Harari se pregunta cuál fue el secreto de estos sapiens para imponerse y hasta sustituir a otras variedades de humanos que, en algunos casos, como los neandertales, eran más robustos, tenían un cerebro bien desarrollado y hasta estaban mejor adaptados a sus hábitats naturales.

Las claves para este avance sobre otros grupos fueron la riqueza y la flexibilidad de un lenguaje que permitió acumular y transmitir conocimiento, en combinación con la cooperación social, imprescindible para compensar la menor capacidad y fortaleza física.

Conociendo este proceso evolutivo y sus resultados, tenemos que preservar como valores fundamentales en todo grupo humano ⎼y, con más cuidado, si nos toca ocupar lugares de liderazgo y toma de decisiones⎼ la comunicación y la cooperación.

Por ello la administración de las personas debe ser la principal y fundamental ocupación de los líderes del grupo y, en un segundo nivel, la administración de lo demás.

Más allá de la distancia que nos separa de los tiempos en que nuestros antepasados fueron aprendiendo y cambiando para llegar al ser humano actual, este proceso evolutivo continúa, se acelera y nos desafía, sin pausa.

De la misma forma en que necesitamos actualizar nuestra PC o modelo de Smartphone, es imprescindible mejorar las capacidades humanas que modernicen este modelo antiguo, que funciona atado a viejos condicionamientos y emociones fácilmente perturbadoras.

Sabemos que la comunicación es fundamental. Sin embargo, ya no basta lo verbal: tenemos que desarrollar otras capacidades que están olvidadas o subestimadas. Otras formas de comunicación pueden utilizarse para alcanzar integración y empatía. Entre ellas, entrenar la intuición lineal y así adquirir otra perspectiva de los hechos, encontrar soluciones más nuevas, potenciando la creatividad y la adaptación.

Ser más flexibles y libres permite entendernos, aceptar las diferencias como factor de aprendizaje, y favorece mayor cooperación dentro del grupo. A partir de allí, tomar decisiones de manera refleja traerá un único resultado: más riqueza y calidad de vida.

¡Hasta la próxima semana!

Hagamos un feliz 2018

Querido 2018, faltan pocas horas para tu llegada y, como la de todos los nuevos ciclos, me produce entusiasmo. Es ese entusiasmo propio de lo nuevo, de lo que vendrá, del porvenir, de la esperanza puesta en realizar y construir en todos los sentidos.

Lo más seductor para mí es este momento en el que me encuentro ahora, sabiendo que llegarás, sentado frente a una hoja en blanco sobre la que acabo de garabatear tu nombre: 2018. Como un gran alquimista me apresto a unir elementos y sustancias para transformar el pasado en lo nuevo.

Es justamente eso lo que me gusta de iniciar un ciclo. Ese espacio vacío del porvenir, que me represento con el blanco del papel. Disfruto de mi posibilidad de colocar en él mis deseos, mis ideas y las metas que, como zanahorias virtuales, me estimularán a avanzar para alcanzarlas. Así, en el plano subjetivo de mis pensamientos ya comienzo a construir.

También dibujo una puerta de dos hojas. Un majestuoso portal, similar al de los castillos medievales. Debe ser sólida e importante dado que es la puerta que abriré para que pasen fragmentos y partes del año que termina, permitiendo que se proyecten en el que está por comenzar.

Y paralelamente, como un comprometido guardián, ejerzo la posibilidad de impedir el paso a todo aquello que no deseo que me acompañe en el nuevo ciclo. Esa sensación de poder elegir, tomar decisiones y administrar gran parte de lo que vendrá, es para mí una bella y tangible sensación de libertad.

Es como el efecto de cada mudanza. Descubrimos cosas escondidas, y algunas sombras guardadas en lugares donde ni siquiera sabíamos que estaban. El cambio de año es ideal para hacer una limpieza profunda y, sin temor, dejar todo lo que ya no deseamos conservar. Observo la parte blanca del papel, donde de manera aún imposible de distinguir se irán imprimiendo las consecuencias del futuro que nace constantemente, alimentando la gran Ley Universal de acción y reacción.

Y, ¿el pasado? Es bueno hacer un repaso para aprender de las cosas hechas, tratando especialmente de revisar los errores cometidos y modificar paradigmas y condicionamientos. Consideremos que aquellos que nada aprenden de los errores y hechos desagradables que ofrece la vida, tienen probabilidades mayores de que se repitan tantas otras veces como sea necesario, hasta que se tornen conscientes.

En un ángulo garabateo el compromiso de pensar siempre solidariamente en lo que mis acciones van a generar, para mí y para el resto del mundo que habitamos. Y siempre estaré atento para que las metas no oculten a las personas.

Hasta la próxima semana y hagamos un feliz 2018.

El buen líder sabe cocinar

Foto por Gaelle Marcel

El mes pasado tuve la oportunidad de dar un curso sobre Liderazgo y Autoconocimiento en una importante Universidad de São Paulo, organizado por Anpei (Asociación de Empresas Innovadoras), en convenio con DeRose for Leaders.

Tuve el privilegio de conocer a importantes empresarios y emprendedores, con los cuales pude intercambiar ideas, conceptos, perspectivas sobre el futuro y ahondar en este mundo de relaciones humanas tan amplio, variado, complejo y fértil para nuevos paradigmas.

En un momento, durante el curso, hice referencia a que mi experiencia de líder apuntaba a la construcción de vínculos de compañerismo sincero entre las personas y que, para que eso funcione, debíamos dar el primer paso en la aproximación. Especialmente con los colaboradores que se encuentran más alejados o en una categoría inferior.

Comenté también que cuando me preguntan cómo hacerlo, doy esta respuesta: si querés ser un buen líder, entre otras cosas, tenés que aprender a cocinar.

Considero que la tarea de un conductor de grupo es facilitar la unión, la sinergia, la empatía y como resultado la confianza mutua. Y, como estamos condicionados por miles de años de vida humana a buscar alimento, solemos reducir las barreras y aproximarnos con menor desconfianza a aquel que dedicó su tiempo a preparar una comida con generosidad. Al menos, la manifiesta buena intención es un inicio, un primer paso que podrá generar una mejor y más abierta comunicación.

Sabemos que en los humanos la pulsión nutricional y la sexual son las más fuertes y, a nivel inconsciente, disparan alertas a nuestro plano emocional preparándonos para la acción. También sabemos que en el ámbito de las relaciones humanas existen fluctuaciones; todo líder debe ser consciente de que esas fricciones pueden utilizarse positivamente para motorizar ajustes y progresos o, por el contrario, ser factor de desarmonía. No pretendemos la ausencia de conflictos, pero sí desarrollar la capacidad de trascenderlos.

Una de las participantes, gerente de una multinacional, comentó que, pasados unos días del curso, tuvo que comunicar el despido a uno de sus colaboradores. Esta tarea es la más triste y estresante que debe llevar adelante un líder.

Desorientada, decidió poner en práctica esta forma de abordaje. Preparó una torta y organizó un encuentro con todos sus liderados, durante el cual comunicó la pesada noticia. El contexto, la energía del grupo y el cariño sincero permitieron transformar la situación en una despedida que no tuvo connotación de tragedia y que facilitó la transición para todos los involucrados.

Esto no significa que en situaciones similares proceder de esta manera será siempre infalible; sin embargo, considerando que a toda acción le sigue una reacción, este caso permitió comprobar que la sinceridad, el cariño y la solidaridad del líder y del grupo actuaron como una red de contención. La comida preparada por el de mayor jerarquía es un incuestionable símbolo de afecto. ¿Y si empezamos a entrenar preparando los primeros platos y compartiéndolos en estas fiestas, con las personas más queridas?

Hasta la semana próxima, ¡y un muy buen 2018!

Mis plantas, la abeja y yo

Foto por: Sam Austin

Me gusta mi casa. Entre los principales espacios que disfruto, destaco el amplio balcón que comparto con mis fieles y silenciosas compañeras, las plantas.

Son esas presencias a las que, cuando están, no damos la atención que merecerían. Y sin embargo, su ausencia sería muy notable.

En mi caso, constituyen una especie de muro divisor entre la agradable sensación de intimidad y cobijo que transmite el hogar, y la intensidad sonora de la calle con el tránsito típico de toda ciudad moderna.

El domingo pasado decidí acercarme más a ellas. Limpié sus hojas, las regué con agua fresca, les hablé, observé sus brotes y flores en distintas etapas de desarrollo. Están lindas, bien cuidadas, pero quise compartir la atención que con tanto cariño les brinda Paula, mi ayudante en los quehaceres hogareños.

Y fue en un momento en que me encontraba limpiando una de las macetas cuando una abeja, que estaba libando laboriosamente néctar de unas flores blancas, decidió posarse sobre una de mis manos. Contuve el primer impulso de agitar la mano para que se fuera y permanecí observándola y tratando de hacerle sentir que no debíamos temernos. Como si hubiera comprendido mi mensaje, luego de unos instantes decidió recomenzar su vuelo hacia otras apetitosas flores.

Me sentí muy bien, integrado, en contacto con el reino vegetal y animal. Distintas especies, diferentes niveles de evolución y todos podíamos interactuar, respetándonos y valorando lo que cada uno hacía por el otro. Las plantas generando oxígeno, la abeja llevando productos que transformará en otros que volverán también a los humanos para su consumo. Yo, que podría dar fin con rapidez a sus vidas, ocupándome de que continúen con sus ciclos y tareas.

Pensé en el lunes y lo relacioné con lo que deseaba hacer con las personas con las cuales integro grupos de trabajo. A pesar de ser de la misma especie, hay momentos en que parece ser más difícil comunicarse con los humanos que con otras formas de vida.

Seguramente lo que estoy relatando podrá parecer obvio, y todos lo sabemos; sin embargo, con frecuencia esto se olvida: ganan la ansiedad y las emociones, y se producen dificultades en las relaciones humanas.

Pongamos más atención y aprendamos cada día de la naturaleza, con el deseo de mejorar los niveles de convivencia y apoyarnos en cada emprendimiento. Debemos saber compartir espacios y desarrollar actividades considerando al otro un aliado, un compañero de tiempo, de historia humana, y no un enemigo. En la actualidad los cambios son rápidos, hay que adaptarse y generar nuevos paradigmas en las relaciones humanas. Vale la pena intentarlo.

Hasta la próxima semana.

El cuerpo y el éxito

Foto por Jannis Brandt

Casi todo el mundo desea superarse y alcanzar sus metas. Se vive rápido, se descansa menos de lo necesario y la mayor parte de la población padece niveles de estrés elevados. Los índices de sobrepeso y sedentarismo son preocupantes y crecientes.

Esta simple observación nos lleva a entender que para todos nuestros logros debemos atender mejor las necesidades y el buen funcionamiento del cuerpo, dado que no es posible reemplazarlo y como seres físicos dependemos de él en todos los momentos de la vida. Un empresario, deportista, estudiante, político o ama de casa necesita comprender el valor de mantener en excelente estado su principal herramienta, el cuerpo.

Si fuéramos pilotos de Fórmula 1, tendríamos un equipo de ingenieros, mecánicos, técnicos y operarios destinados a optimizar el buen funcionamiento del vehículo. Nadie dudaría en utilizar los mejores lubricantes, el combustible de mayor calidad. Los líquidos refrigerantes y que alimentan el frenado se elegirían mediante estudios previos, para no dañar la costosa maquinaria y lograr el máximo rendimiento en la pista.

Pero si, a pesar de todos estos cuidados, hubiera una falla, siempre estaría la opción de reemplazar el auto por otro. En nuestro caso eso no es posible: tenemos un solo vehículo físico que nos acompañará en todo este viaje. Un crash podrá detener la concreción de nuestros proyectos.

Si bien todos, en mayor o menor medida, tienen información al respecto de la necesidad de alimentarse bien y entrenar el cuerpo de manera inteligente, en la práctica esto se olvida o posterga. Una cierta disfunción cognitiva entre lo que sabemos y hacemos.

Existe también una presión social que no estimula las buenas conductas. Seguramente, la mayoría elogiará al equipo de profesionales que toma todos los cuidados para que el auto de carrera funcione mejor. A la inversa, si una persona es más atenta con respecto a los “combustibles” que ingiere y decide comer alimentos nutritivos y orgánicos, evita el tabaco y el alcohol, mantiene el concepto de frugalidad y ajusta la comida a la actividad que realiza, posiblemente será tildada de fanática o aburrida. ¿Debemos esperar que exista una crisis para que esto se modifique? Considero más recomendable hacer ajustes previos en nuestros hábitos, que beneficiarán nuestra calidad de vida y fortalecerán la voluntad.

En general, desde niños recibimos el fuerte mandato de comer mucho, con mensajes como si no tomás toda la sopa no vas a crecer, o para ser hombre tenés que comer todo lo que está en el plato. Nos enseñaron a comer en abundancia, pero fueron pocas las sugerencias de hacerlo con placer y de modo que sea un acto consciente, prestando atención a la selección de los alimentos.

El ser humano se encuentra perturbado en su equilibrio biológico por sus costumbres de vida y por la invasión química que lo rodea y que no cesa de crecer. Es un efecto inevitable del progreso. Asumamos sus consecuencias y seamos inteligentes para reeducarnos en nuestro comportamiento y elecciones. Actualizarnos, con la misma flexibilidad y premura que aplicamos ante los cambios tecnológicos.

Además, cada modificación positiva que logremos incorporar se transmitirá a nuestro entorno. Sentiremos la satisfacción de estar aportando de manera refleja ⎼por medio del ejemplo y no por imposición⎼ el valioso estímulo de incorporar otras opciones, a las personas con las que compartimos la vida.

Cambiá, comenzá hoy, ahora mismo… Nadie lo hará por vos.

Hasta la semana próxima.

 

Intuición: la herramienta olvidada

Foto por Ben White

Imaginemos que un amigo y yo estamos sentados frente a nuestra morada, una agradable caverna en tiempos de homo sapiens en plena era paleolítica. Tal vez seríamos Neandertal, Cromañón o alguna otra variedad de homo, en franco proceso evolutivo.

Imprevistamente aparece un tigre dientes de sable buscando su almuerzo, y nos observa como quien hojea la carta en un selecto restaurant.

Mi amigo, de reflejos más instintivos, no piensa, intuye qué es lo mejor y corre rápidamente en busca de un lugar para guarecerse.

Yo, más introspectivo y reflexivo, analizo las posibilidades, barajo opciones considerando antecedentes y el relato de otros que actuaron en situaciones parecidas. Sin duda, mis cavilaciones le habrían permitido al gran felino devorarme. Eran tiempos de actuar rápidamente.

Sabemos que pensar requiere tiempo y un gran consumo de energía. Nuestros antepasados, durante millones de años, pensaron poco. Eran mamíferos en evolución que enfrentaban los obstáculos con el instinto de supervivencia y una gran herramienta: la intuición. Cada experiencia de esos anónimos predecesores fue una verdadera escuela de aprendizaje empírico que nutrió el inconsciente colectivo.

Nadie olvida cómo se anda en bicicleta, a pesar de haber aprendido de niño y no haber vuelto a utilizar ese vehículo en décadas. Nadie olvida mantenerse a flote en una piscina si aprendió a nadar de niño o de joven. Sin embargo, lo aprendido en los años de escuela está olvidado, con excepción de aquello que seguimos utilizando activamente en forma práctica.

En la velocidad actual, los humanos tenemos que enfrentar constantemente circunstancias no previstas. Cada vez más debemos apelar a nuestra intuición, para no ser influenciados en la toma de decisiones por el efecto que produce el flujo acelerado de información. Información sobre hechos, que estimula la generación de nuevos hechos. Ciclos circulares que se retroalimentan. A la par de esta situación, somos sorprendidos por situaciones no previstas: los llamados cisnes negros, ante los cuales debemos actuar como mi amigo imaginario ante el ataque del tigre dientes de sable. Existe una gran incapacidad para predecir los hechos y la humanidad se ve sorprendida por ellos en forma frecuente.

Enorme cantidad de analistas del pasado se presentan como expertos, apabullándonos con complejas tablas de análisis. Debaten durante horas en programas periodísticos, donde importan más los egos personales y las impactantes corbatas que la toma de decisiones reales. Y así, entre interminables coloquios de auto-titulados expertos, agotamos la mente, saturamos el intelecto y olvidamos recurrir a una capacidad que el ser humano tiene adormecida, por el escaso uso.

En la actualidad, es una de las más efectivas herramientas en la veloz toma de decisiones: la intuición.

Todos tenemos flashes de intuición, pero es necesario extender ese insight, que es muy breve. Y esto solo es posible por medio del entrenamiento disciplinado.

Para ello sugiero: 1- entrenar técnicas para reducir la inestabilidad de los pensamientos; 2- prestar atención a los frecuentes flashes de intuición, ser conscientes de ellos y permitir que se fortalezcan. Este proceso es de gran utilidad en nuestra vida diaria, especialmente para la toma de decisiones. Así estaremos más preparados para adaptarnos a los cambios y a la probable aparición de cisnes negros.

Se le atribuye a Albert Einstein esta síntesis: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo.”

Hasta la próxima semana.

Tolerancia: sabiduría accesible y necesaria

Foto por Paul Gilmore

Hace un tiempo llegó a mis manos una historia sobre la tolerancia que me parece interesante compartir.

Una vez, en un pequeño poblado de China, una joven se casó y fue a vivir con su esposo y la madre de él. Al ir pasando los días la joven comenzó a tener conflictos con su suegra, que fueron creciendo en intensidad y generaron una relación que, para ella, se hacía insoportable. Decidida a buscar una solución, visitó a un sabio del pueblo, quien al escuchar sus encendidas quejas le propuso una drástica solución.

Así, como parte del plan, le dio una pequeña bolsa con hierbas que debería darle disimuladamente a su suegra; de esta forma la iría envenenando progresivamente, hasta producir su muerte. El sabio le preguntó si estaba de acuerdo y la joven respondió que sí, que ya no la soportaba más y que de seguir así destruiría su matrimonio. Entonces, dijo el sabio con mirada penetrante, llevarás a cabo el plan, pero deberás ser muy obediente y cuidadosa para colocar pequeñas cantidades en sus comidas. Además, para que no se despierten sospechas, tendrás que ser muy amable, sonriente, atenta y respetuosa. Recuerda que es fundamental que sigas mis indicaciones.

La joven estuvo de acuerdo y comenzó a suministrar a su suegra pequeñas cantidades de la hierba. Además, siguiendo las indicaciones, decidió tratarla bien, logró evitar discusiones, empezó a conversar más con ella, y en un mes ya no existían conflictos.

Al cabo de dos meses se sentían muy a gusto juntas y se cuidaban mutuamente. La joven se dio cuenta de que podría mantener una relación de madre/hija, de acuerdo con lo que se esperaba en la tradición cultural a la que pertenecían.

Preocupada, fue a ver al sabio y le contó que estaba arrepentida y que deseaba evitar todo daño a su suegra, con quien había logrado una relación de cariño y respeto. El sabio sonrió y, acompañando sus palabras con un gesto afectuoso, le explicó que lo que le había dado eran hierbas tonificantes y que la relación entre ellas había mejorado porque la que había decidido ser más tolerante era ella y, en consecuencia, la anciana le estaba retribuyendo de la misma manera.

La tolerancia, como lo explica el filósofo André Comte-Sponville, es una solución inteligente en espera de que los hombres puedan conocerse y comprenderse. Es un mínimo, no un máximo. Pero debemos implementar esta forma de respeto en todas nuestras relaciones.

Si tenemos la responsabilidad de conducir grupos, es prioritario y fundamental comenzar ya, desde ahora, como un valor, como un Norte. Una actitud necesaria e imprescindible para mejorar las relaciones con los demás.

Lo bueno es que constituye una pequeña sabiduría que está a nuestro alcance y que, al ejercitarla, nos permitirá adquirir mayor humanidad y en consecuencia mejores resultados.

Me gusta aplicar la frase que se le atribuye a Antonio Machado: “Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada”

Hasta la próxima semana.

Vivir es elegir

Foto por Kyle Glenn

Esta lacónica expresión, atribuida entre otros al filósofo Julián Marías, es muy acertada. En cada momento debemos tomar decisiones de diferente nivel de importancia, que producirán consecuencias que no siempre tenemos la capacidad de percibir o el hábito de analizar.

Somos más hábiles en analizar lo pasado que en visualizar lo que acontecerá en una proyección a mediano o largo plazo.

Las decisiones las imagino como las carambolas que se producen en el juego de billar, de manera inmediata y posterior al seco golpe del taco sobre una de las bolas, que impactará sobre otras, desplazándolas velozmente en diferentes direcciones y haciéndolas chocar con otras.

Son tantas las decisiones que afrontamos cada día, que se torna imposible enumerarlas. Para comprobarlo, te invito a que detengas la lectura un instante y trates de recordar las decisiones y elecciones (mayores o menores) que tuviste que hacer durante el día anterior. No las recordarás todas, pero con que sean un 30 % ya te sentirás abrumado por la responsabilidad.

En un segundo nivel de profundidad, intentá recordar las consecuencias que ocurrieron por las decisiones tomadas. Y seguidamente, en un tercer nivel, las consecuencias de las consecuencias.

Si sos líder de un grupo, las consecuencias de tus decisiones impactarán sobre los resultados, pero también, directa o indirectamente, sobre las personas que forman tu equipo. El mejor consejo es compartir la toma de decisiones con los demás; de esta forma se sentirán integrados y participarán de los éxitos y los fracasos.

Debemos ejercitar nuestra visión estratégica para ampliarla. Ver la totalidad del mapa de posibilidades. Considerar que cuando movemos una ficha en este tablero interrelacionado y fascinante que es la vida, se producen cadenas de movimientos y adecuaciones como efectos de lo que se ha decidido.

Observar la situación únicamente en primer plano es la mejor forma de ser sorprendido por acontecimientos no previstos y muchas veces evitables. Una “lectura” del panorama completo nos llevará a cometer menor cantidad de errores, e instintivamente surgirán veloces elecciones con mayores certezas. Con el ejercicio, se fortalecerá la capacidad heurística para resolver situaciones y superaremos los errores generados por los condicionamientos y paradigmas.

Hace unos días me encontré con un familiar que no veía hacía años. En la charla de actualización, me comentó que durante años había fumado y que, a pesar de los consejos de su entorno familiar, tenía la seguridad de que no lo afectaría. Ahora, con serios problemas de salud como consecuencia del tabaquismo, me confesaba lo arrepentido que estaba. Finalizada la conversación nos despedimos y me fui caminando mientras pensaba que, cada vez que encendía un cigarrillo, tenía la oportunidad de no hacerlo, pero por no ampliar el alcance de su visión, elegía su presente.

Claro está que se aprende viviendo. Como decía Vittorio Gassman, “habría que tener dos vidas, una para ensayar y otra para actuar”.

Hasta la semana próxima.

Liderazgo en la era digital

Foto por Émile Perron

El concepto de que las personas son prescindibles en la era de la transformación digital es un mito. Esta creencia es fácil de reconsiderar preguntándonos: ¿antes de la llamada Era Digital, se cuidaba y trataba mejor a las personas en las empresas y corporaciones? La respuesta es un rotundo no.

Por el contrario, esta época de incorporación tecnológica va acompañada de la necesidad de generar interacción entre las personas.

De esta comunicación depende una positiva transformación. Siempre será la gente la que permitirá que se genere el ansiado proceso de cambio hacia nuevos paradigmas.

En la actualidad es imprescindible la buena relación del equipo con su líder, que debe favorecer el desarrollo de una sinergia positiva; en caso contrario será difícil lograr los resultados buscados.

Otro elemento a considerar es que los integrantes del equipo tengan una visión clara e integral del proceso en toda su dimensión. Ningún nodo de la organización debe estar desconectado del proceso integral.

Mi experiencia me dice que esto se logra mediante la actitud docente del líder, que debe transmitir a cada uno la importancia que tiene su tarea en el proceso estratégico general.

Otro cuidado importante es no retacear información, sino compartirla y hacerla circular entre los integrantes. De esta forma, las ideas y proyectos se mejoran constantemente.

La visión hoy es cuidar a las personas, jerarquizarlas, lograr que la tecnología favorezca la humanización del grupo, y no lo contrario.

Debemos entender que en la relación entre líder y equipo se genera un proceso de ósmosis cultural que tiene relación con el surgimiento y desarrollo de Internet. Un estilo de vida que favorece el avance de la democratización de la información.

Todos los comportamientos que observamos en Internet son reflejo de lo que pasa en la sociedad, y viceversa. El actual paradigma de interactuar, intercambiar información, compartir experiencias, es parte de la transformación tecnológica e implica un cambio cultural que no pueden ignorar los que conducen grupos humanos.

Quien no perciba el cambio, tendrá un inevitable pasado por delante.

Hasta la próxima semana.

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