El cuerpo y el éxito

Foto por Jannis Brandt

Casi todo el mundo desea superarse y alcanzar sus metas. Se vive rápido, se descansa menos de lo necesario y la mayor parte de la población padece niveles de estrés elevados. Los índices de sobrepeso y sedentarismo son preocupantes y crecientes.

Esta simple observación nos lleva a entender que para todos nuestros logros debemos atender mejor las necesidades y el buen funcionamiento del cuerpo, dado que no es posible reemplazarlo y como seres físicos dependemos de él en todos los momentos de la vida. Un empresario, deportista, estudiante, político o ama de casa necesita comprender el valor de mantener en excelente estado su principal herramienta, el cuerpo.

Si fuéramos pilotos de Fórmula 1, tendríamos un equipo de ingenieros, mecánicos, técnicos y operarios destinados a optimizar el buen funcionamiento del vehículo. Nadie dudaría en utilizar los mejores lubricantes, el combustible de mayor calidad. Los líquidos refrigerantes y que alimentan el frenado se elegirían mediante estudios previos, para no dañar la costosa maquinaria y lograr el máximo rendimiento en la pista.

Pero si, a pesar de todos estos cuidados, hubiera una falla, siempre estaría la opción de reemplazar el auto por otro. En nuestro caso eso no es posible: tenemos un solo vehículo físico que nos acompañará en todo este viaje. Un crash podrá detener la concreción de nuestros proyectos.

Si bien todos, en mayor o menor medida, tienen información al respecto de la necesidad de alimentarse bien y entrenar el cuerpo de manera inteligente, en la práctica esto se olvida o posterga. Una cierta disfunción cognitiva entre lo que sabemos y hacemos.

Existe también una presión social que no estimula las buenas conductas. Seguramente, la mayoría elogiará al equipo de profesionales que toma todos los cuidados para que el auto de carrera funcione mejor. A la inversa, si una persona es más atenta con respecto a los “combustibles” que ingiere y decide comer alimentos nutritivos y orgánicos, evita el tabaco y el alcohol, mantiene el concepto de frugalidad y ajusta la comida a la actividad que realiza, posiblemente será tildada de fanática o aburrida. ¿Debemos esperar que exista una crisis para que esto se modifique? Considero más recomendable hacer ajustes previos en nuestros hábitos, que beneficiarán nuestra calidad de vida y fortalecerán la voluntad.

En general, desde niños recibimos el fuerte mandato de comer mucho, con mensajes como si no tomás toda la sopa no vas a crecer, o para ser hombre tenés que comer todo lo que está en el plato. Nos enseñaron a comer en abundancia, pero fueron pocas las sugerencias de hacerlo con placer y de modo que sea un acto consciente, prestando atención a la selección de los alimentos.

El ser humano se encuentra perturbado en su equilibrio biológico por sus costumbres de vida y por la invasión química que lo rodea y que no cesa de crecer. Es un efecto inevitable del progreso. Asumamos sus consecuencias y seamos inteligentes para reeducarnos en nuestro comportamiento y elecciones. Actualizarnos, con la misma flexibilidad y premura que aplicamos ante los cambios tecnológicos.

Además, cada modificación positiva que logremos incorporar se transmitirá a nuestro entorno. Sentiremos la satisfacción de estar aportando de manera refleja ⎼por medio del ejemplo y no por imposición⎼ el valioso estímulo de incorporar otras opciones, a las personas con las que compartimos la vida.

Cambiá, comenzá hoy, ahora mismo… Nadie lo hará por vos.

Hasta la semana próxima.

 

Intuición: la herramienta olvidada

Foto por Ben White

Imaginemos que un amigo y yo estamos sentados frente a nuestra morada, una agradable caverna en tiempos de homo sapiens en plena era paleolítica. Tal vez seríamos Neandertal, Cromañón o alguna otra variedad de homo, en franco proceso evolutivo.

Imprevistamente aparece un tigre dientes de sable buscando su almuerzo, y nos observa como quien hojea la carta en un selecto restaurant.

Mi amigo, de reflejos más instintivos, no piensa, intuye qué es lo mejor y corre rápidamente en busca de un lugar para guarecerse.

Yo, más introspectivo y reflexivo, analizo las posibilidades, barajo opciones considerando antecedentes y el relato de otros que actuaron en situaciones parecidas. Sin duda, mis cavilaciones le habrían permitido al gran felino devorarme. Eran tiempos de actuar rápidamente.

Sabemos que pensar requiere tiempo y un gran consumo de energía. Nuestros antepasados, durante millones de años, pensaron poco. Eran mamíferos en evolución que enfrentaban los obstáculos con el instinto de supervivencia y una gran herramienta: la intuición. Cada experiencia de esos anónimos predecesores fue una verdadera escuela de aprendizaje empírico que nutrió el inconsciente colectivo.

Nadie olvida cómo se anda en bicicleta, a pesar de haber aprendido de niño y no haber vuelto a utilizar ese vehículo en décadas. Nadie olvida mantenerse a flote en una piscina si aprendió a nadar de niño o de joven. Sin embargo, lo aprendido en los años de escuela está olvidado, con excepción de aquello que seguimos utilizando activamente en forma práctica.

En la velocidad actual, los humanos tenemos que enfrentar constantemente circunstancias no previstas. Cada vez más debemos apelar a nuestra intuición, para no ser influenciados en la toma de decisiones por el efecto que produce el flujo acelerado de información. Información sobre hechos, que estimula la generación de nuevos hechos. Ciclos circulares que se retroalimentan. A la par de esta situación, somos sorprendidos por situaciones no previstas: los llamados cisnes negros, ante los cuales debemos actuar como mi amigo imaginario ante el ataque del tigre dientes de sable. Existe una gran incapacidad para predecir los hechos y la humanidad se ve sorprendida por ellos en forma frecuente.

Enorme cantidad de analistas del pasado se presentan como expertos, apabullándonos con complejas tablas de análisis. Debaten durante horas en programas periodísticos, donde importan más los egos personales y las impactantes corbatas que la toma de decisiones reales. Y así, entre interminables coloquios de auto-titulados expertos, agotamos la mente, saturamos el intelecto y olvidamos recurrir a una capacidad que el ser humano tiene adormecida, por el escaso uso.

En la actualidad, es una de las más efectivas herramientas en la veloz toma de decisiones: la intuición.

Todos tenemos flashes de intuición, pero es necesario extender ese insight, que es muy breve. Y esto solo es posible por medio del entrenamiento disciplinado.

Para ello sugiero: 1- entrenar técnicas para reducir la inestabilidad de los pensamientos; 2- prestar atención a los frecuentes flashes de intuición, ser conscientes de ellos y permitir que se fortalezcan. Este proceso es de gran utilidad en nuestra vida diaria, especialmente para la toma de decisiones. Así estaremos más preparados para adaptarnos a los cambios y a la probable aparición de cisnes negros.

Se le atribuye a Albert Einstein esta síntesis: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo.”

Hasta la próxima semana.

Tolerancia: sabiduría accesible y necesaria

Foto por Paul Gilmore

Hace un tiempo llegó a mis manos una historia sobre la tolerancia que me parece interesante compartir.

Una vez, en un pequeño poblado de China, una joven se casó y fue a vivir con su esposo y la madre de él. Al ir pasando los días la joven comenzó a tener conflictos con su suegra, que fueron creciendo en intensidad y generaron una relación que, para ella, se hacía insoportable. Decidida a buscar una solución, visitó a un sabio del pueblo, quien al escuchar sus encendidas quejas le propuso una drástica solución.

Así, como parte del plan, le dio una pequeña bolsa con hierbas que debería darle disimuladamente a su suegra; de esta forma la iría envenenando progresivamente, hasta producir su muerte. El sabio le preguntó si estaba de acuerdo y la joven respondió que sí, que ya no la soportaba más y que de seguir así destruiría su matrimonio. Entonces, dijo el sabio con mirada penetrante, llevarás a cabo el plan, pero deberás ser muy obediente y cuidadosa para colocar pequeñas cantidades en sus comidas. Además, para que no se despierten sospechas, tendrás que ser muy amable, sonriente, atenta y respetuosa. Recuerda que es fundamental que sigas mis indicaciones.

La joven estuvo de acuerdo y comenzó a suministrar a su suegra pequeñas cantidades de la hierba. Además, siguiendo las indicaciones, decidió tratarla bien, logró evitar discusiones, empezó a conversar más con ella, y en un mes ya no existían conflictos.

Al cabo de dos meses se sentían muy a gusto juntas y se cuidaban mutuamente. La joven se dio cuenta de que podría mantener una relación de madre/hija, de acuerdo con lo que se esperaba en la tradición cultural a la que pertenecían.

Preocupada, fue a ver al sabio y le contó que estaba arrepentida y que deseaba evitar todo daño a su suegra, con quien había logrado una relación de cariño y respeto. El sabio sonrió y, acompañando sus palabras con un gesto afectuoso, le explicó que lo que le había dado eran hierbas tonificantes y que la relación entre ellas había mejorado porque la que había decidido ser más tolerante era ella y, en consecuencia, la anciana le estaba retribuyendo de la misma manera.

La tolerancia, como lo explica el filósofo André Comte-Sponville, es una solución inteligente en espera de que los hombres puedan conocerse y comprenderse. Es un mínimo, no un máximo. Pero debemos implementar esta forma de respeto en todas nuestras relaciones.

Si tenemos la responsabilidad de conducir grupos, es prioritario y fundamental comenzar ya, desde ahora, como un valor, como un Norte. Una actitud necesaria e imprescindible para mejorar las relaciones con los demás.

Lo bueno es que constituye una pequeña sabiduría que está a nuestro alcance y que, al ejercitarla, nos permitirá adquirir mayor humanidad y en consecuencia mejores resultados.

Me gusta aplicar la frase que se le atribuye a Antonio Machado: “Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada”

Hasta la próxima semana.

Vivir es elegir

Foto por Kyle Glenn

Esta lacónica expresión, atribuida entre otros al filósofo Julián Marías, es muy acertada. En cada momento debemos tomar decisiones de diferente nivel de importancia, que producirán consecuencias que no siempre tenemos la capacidad de percibir o el hábito de analizar.

Somos más hábiles en analizar lo pasado que en visualizar lo que acontecerá en una proyección a mediano o largo plazo.

Las decisiones las imagino como las carambolas que se producen en el juego de billar, de manera inmediata y posterior al seco golpe del taco sobre una de las bolas, que impactará sobre otras, desplazándolas velozmente en diferentes direcciones y haciéndolas chocar con otras.

Son tantas las decisiones que afrontamos cada día, que se torna imposible enumerarlas. Para comprobarlo, te invito a que detengas la lectura un instante y trates de recordar las decisiones y elecciones (mayores o menores) que tuviste que hacer durante el día anterior. No las recordarás todas, pero con que sean un 30 % ya te sentirás abrumado por la responsabilidad.

En un segundo nivel de profundidad, intentá recordar las consecuencias que ocurrieron por las decisiones tomadas. Y seguidamente, en un tercer nivel, las consecuencias de las consecuencias.

Si sos líder de un grupo, las consecuencias de tus decisiones impactarán sobre los resultados, pero también, directa o indirectamente, sobre las personas que forman tu equipo. El mejor consejo es compartir la toma de decisiones con los demás; de esta forma se sentirán integrados y participarán de los éxitos y los fracasos.

Debemos ejercitar nuestra visión estratégica para ampliarla. Ver la totalidad del mapa de posibilidades. Considerar que cuando movemos una ficha en este tablero interrelacionado y fascinante que es la vida, se producen cadenas de movimientos y adecuaciones como efectos de lo que se ha decidido.

Observar la situación únicamente en primer plano es la mejor forma de ser sorprendido por acontecimientos no previstos y muchas veces evitables. Una “lectura” del panorama completo nos llevará a cometer menor cantidad de errores, e instintivamente surgirán veloces elecciones con mayores certezas. Con el ejercicio, se fortalecerá la capacidad heurística para resolver situaciones y superaremos los errores generados por los condicionamientos y paradigmas.

Hace unos días me encontré con un familiar que no veía hacía años. En la charla de actualización, me comentó que durante años había fumado y que, a pesar de los consejos de su entorno familiar, tenía la seguridad de que no lo afectaría. Ahora, con serios problemas de salud como consecuencia del tabaquismo, me confesaba lo arrepentido que estaba. Finalizada la conversación nos despedimos y me fui caminando mientras pensaba que, cada vez que encendía un cigarrillo, tenía la oportunidad de no hacerlo, pero por no ampliar el alcance de su visión, elegía su presente.

Claro está que se aprende viviendo. Como decía Vittorio Gassman, “habría que tener dos vidas, una para ensayar y otra para actuar”.

Hasta la semana próxima.

Liderazgo en la era digital

Foto por Émile Perron

El concepto de que las personas son prescindibles en la era de la transformación digital es un mito. Esta creencia es fácil de reconsiderar preguntándonos: ¿antes de la llamada Era Digital, se cuidaba y trataba mejor a las personas en las empresas y corporaciones? La respuesta es un rotundo no.

Por el contrario, esta época de incorporación tecnológica va acompañada de la necesidad de generar interacción entre las personas.

De esta comunicación depende una positiva transformación. Siempre será la gente la que permitirá que se genere el ansiado proceso de cambio hacia nuevos paradigmas.

En la actualidad es imprescindible la buena relación del equipo con su líder, que debe favorecer el desarrollo de una sinergia positiva; en caso contrario será difícil lograr los resultados buscados.

Otro elemento a considerar es que los integrantes del equipo tengan una visión clara e integral del proceso en toda su dimensión. Ningún nodo de la organización debe estar desconectado del proceso integral.

Mi experiencia me dice que esto se logra mediante la actitud docente del líder, que debe transmitir a cada uno la importancia que tiene su tarea en el proceso estratégico general.

Otro cuidado importante es no retacear información, sino compartirla y hacerla circular entre los integrantes. De esta forma, las ideas y proyectos se mejoran constantemente.

La visión hoy es cuidar a las personas, jerarquizarlas, lograr que la tecnología favorezca la humanización del grupo, y no lo contrario.

Debemos entender que en la relación entre líder y equipo se genera un proceso de ósmosis cultural que tiene relación con el surgimiento y desarrollo de Internet. Un estilo de vida que favorece el avance de la democratización de la información.

Todos los comportamientos que observamos en Internet son reflejo de lo que pasa en la sociedad, y viceversa. El actual paradigma de interactuar, intercambiar información, compartir experiencias, es parte de la transformación tecnológica e implica un cambio cultural que no pueden ignorar los que conducen grupos humanos.

Quien no perciba el cambio, tendrá un inevitable pasado por delante.

Hasta la próxima semana.

Madres, líderes por naturaleza

Foto por Liana Mikah

Frecuentemente buscamos en la historia modelos de líderes que nos generen inspiración. Desde lo épico hasta lo militar, pasando por los modelos empresarios, hemos asistido a estereotipos que siguen condicionando esa manera de relación entre el que conduce y sus seguidores.

Existen muchas formas y modelos, lo que hace que sea complicado categorizar las alternativas de liderazgo con la intención de encontrar la más efectiva.

Sabemos más sobre lo que no debemos hacer que sobre aquello que debe hacerse. En ese buscar modelos efectivos, orienté mi mirada hacia un modelo muy cercano, que existe desde el primer ser humano sobre la Tierra y que sigue generando excelentes resultados. Me refiero a las madres, que en forma definida y manifiesta o sutilmente encubierta lideran el funcionamiento de ese grupo primario que es la familia.

Hay tantas modalidades de madres como de personas, pero existen algunas características que son fundamentales para los que ocupan tareas de liderazgo. Atento a esta idea e inspirado por la celebración del Día de la Madre, que ocurrió este domingo pasado en Argentina, observé con más dedicación la conducta de varias madres conocidas.

Empecé por recordar a la mía, que lamentablemente ya falleció, pero cuyo recuerdo me acompaña de manera muy presente. Observé a mi hija, una madre reciente que festeja su primer día como tal. Y también, a la madre de mis hijos.

Amplié el círculo de observación a otras queridas amigas, de distintas edades y condición social que, con sus propios estilos, se esmeran en el cuidado de sus niños sin haber ido a ninguna escuela o universidad que las preparara para ello.

Me resultó interesante descubrir algunas características que hoy se buscan en los líderes como cualidades necesarias para hacer que el grupo se integre y desarrolle. Se conversa sobre estos atributos en todos los cursos, disertaciones y encuentros de liderazgo. Estas son siete de las principales:

COMPROMISO: una de las primeras cualidades que están presentes en el vínculo. Un compromiso total, expresado en una dedicación plena y atenta.

CONFIANZA: un sentimiento creciente que se fortalece y se alimenta cada día.

DOCENCIA: el buen líder se capacita en forma constante, se actualiza y comparte sus conocimientos en forma generosa, haciendo que sus equipos mejoren. Se lograrán mejores resultados con un equipo capaz y alineado.

JERARQUÍA: un sentido de jerarquía incuestionable, pero sin necesidad de hacer uso del poder. Es una jerarquía que se gana por la propia autoridad del líder (madre), que es aceptada de buen grado por sus comandados. Es una consecuencia de su conocimiento y disponibilidad.

COMUNICACIÓN: una constante comunicación. Los líderes de hoy deben mantener una comunicación directa, fácil, sin burocracias o distancias. Dentro de este nivel de comunicación, el líder sabe hacer notar los errores sin intimidar, en forma cariñosa pero firme. A su vez, acepta recibir feedback sin que esto afecte la jerarquía necesaria.

AUTOCONOCIMIENTO: toda madre dedicada está aprendiendo en el mismo momento en que enseña. Se auto-investiga, se observa, desarrolla notablemente la intuición para tomar decisiones. Se adapta a los niveles de comprensión de su niño o niña, ensaya diferentes formas de transmitir. Se observa a sí misma y busca mecanismos que favorezcan la comunicación. Está constantemente en un proceso de movimiento y adaptación. Esta dinámica es muy favorable si se la utiliza para liderar grupos.

Al final de cuentas, buscamos ejemplos de liderazgos inspiradores, cuando todos fuimos conducidos e inspirados por la auténtica e instintiva tarea que ejerce cada madre.

Vaya mi homenaje a ellas, maestras en todas las áreas y líderes por naturaleza. Como lo cantaba Norberto Napolitano (Pappo) al ritmo de su blues: Porque mi vieja es lo más grande que hay. (https://www.youtube.com/watch?v=x2QY2brvBQE)

Hasta la próxima semana.

Liderazgo, confianza y fútbol

Foto por Ian Schneider

Generalmente a todos nos gusta reconocernos solidarios. Es bastante habitual que lo seamos; sin embargo, se trata de una solidaridad selectiva y condicionada por el interés.

Con los hijos y familiares más próximos solemos ser más proclives a solidarizarnos sin analizar los riesgos, pero no tanto en el ámbito laboral, donde la competencia, la rivalidad, los intereses o incluso la falta de proximidad generan una desconfianza de base. Una especie de solidaridad ligada al interés, relativa y poco convincente.

De acuerdo con especulaciones de la antropología, hace aproximadamente 50.000 años nuestros ancestros se vieron obligados a desarrollar un sentido de colaboración solidario para cuidarse y enfrentar la variada cantidad de peligros que los acechaban en forma constante.

Cada noche podía ser la última si no se juntaban para el descanso y dormían confiando en el que habían designado para vigilar. Al día siguiente, en compensación, el grupo se solidarizaba con el vigilante y le brindaba mayores atenciones, retribuyendo el esfuerzo de haberlos cuidado.

Este formato imperante en la tribu fortalecía un sentimiento de seguridad, confianza mutua y cooperación. Un paradigma social muy fuerte y muy presente en el ser humano.

Todos sentimos instintivamente el deseo de cuidar a los que nos cuidan. Esa reciprocidad responsable nos mueve con sentido ético y generalmente hace que el que puede más ayude al que puede menos.

Así se van destacando los líderes. Son los que surgen espontáneamente por su vocación de servicio hacia la causa y hacia los demás. Aquellos que están siempre disponibles y, en consecuencia, los demás les otorgan una autoridad genuina, surgida con naturalidad de la confianza que generan sus actitudes en el grupo.

En los ámbitos laborales, los líderes con estas cualidades actúan de manera similar a la relación de los padres con sus hijos. Poseen el deseo de que se desarrollen, evolucionen, aprendan y sientan la confianza suficiente para poder conversar y plantear sus ideas, aun cuando sean diferentes a las del líder.

Como existe un alto de grado de confianza, esa actitud no es anárquica ni contraria a la jerarquía; ambos la toman como un acto solidario y de cariño, que les permitirá enriquecerse y proyectarse hacia el resultado buscado.

Algunos todavía creen que generar distancia y temor engrandecerá la imagen del líder. Puedo asegurar que, en la actualidad, esa manera de relacionarse produce más conflictos que resultados, tanto en la empresa como en la familia. Son formas anticuadas de conducir grupos, basadas generalmente en la baja autoestima de líderes que precisan analizar sus conductas. Tengamos en cuenta que pasamos la mitad de cada día conviviendo con nuestros compañeros de trabajo. Con el mismo esfuerzo podemos generar una atmósfera agradable y afectuosa, o fuertemente tóxica.

Cuando la gente de un grupo se siente protegida, valorada y escuchada, se brinda más. Para definirlo con palabras futboleras: cada integrante se pone la camiseta, juega por el equipo, entrega el mejor pase, busca el resultado y se abraza con los demás luego de un gol. (Algo que hoy parece faltar en nuestra selección…)

¡Hasta la próxima semana!

Lectura de ambiente

Todo líder debe estar atento, poseer sensibilidad para percibir la atmósfera y los obstáculos que afectan al grupo y a sus integrantes. La atención va desarrollando una percepción más afinada, una especie de olfato que es de gran utilidad para prevenir y solucionar conflictos en estado embrionario.

La mayoría de las veces, detectar estas situaciones a tiempo en los individuos permite revertirlas, generando integración y potenciando el ánimo y la inspiración para producir buenos resultados. Para ello es muy importante que el líder ocupe parte de su tiempo en velar por el estado físico, mental y emocional de cada colaborador.

A pesar de los cambios producidos en las relaciones laborales y sociales, encontramos problemas inherentes al género humano que ya son mencionados en antiguas escrituras, hace aproximadamente 1500 años, como importantes obstáculos en la evolución de personas y actividades.

Entre otros, se mencionan expresamente la apatía y la negligencia, dos actitudes que pueden traer grandes dificultades y ser difíciles de corregir. La negligencia conduce al fracaso en cualquier proyecto; la apatía aleja al grupo de la energía y empeño que debe cultivar para alcanzar los resultados. Ambas características implican indiferencia, insensibilidad y falta de motivación. No percibir su presencia a tiempo es un factor seguro que atentará contra la sinergia grupal y los buenos logros. Son actitudes opuestas al perfeccionismo, a la paciencia, a la voluntad para seguir intentando hasta lograr lo que uno se ha propuesto.

Según mi experiencia, lo primero es acercarnos al colaborador que se encuentra “trabado” por estos paradigmas y ver de qué forma podemos fortalecer su autoestima y voluntad. Es fundamental traerlo hacia el grupo a fin de integrarlo nuevamente, antes de pensar en su sustitución.

Es muy útil usar técnicas, prácticas que fortalezcan a la persona, que la sitúen en un contexto de realidad concreta. Para ello podemos recurrir a técnicas corporales, respiratorias, de administración de las emociones y el estrés. Desarrollar más energía y fuerza nos dará muchas posibilidades de contrarrestar el efecto de esos obstáculos casi siempre motivados en desajustes emocionales.

La principal tarea de los líderes en la actualidad es estar atentos, tener “lectura de ambiente” para percibir desajustes y buscar sin demora las soluciones adecuadas.

Hasta la semana próxima.

Equipo Rey

Foto por Matteo Vistocco

Es interesante observar como el mundo evoluciona. Los cambios sociales son constantes. Los grupos de trabajo están constituidos por personas y como consecuencia son expresiones vivas de lo que va ocurriendo en lo social.

Los líderes, deben ser sensibles a esos cambios y utilizar esa energía a favor. Pretender obstaculizar lo que comienza a manifestarse como una ola en crecimiento es poco inteligente. El gran triunfo es deslizarse sobre esa ola como lo haría un experimentado surfista.

Para lograr buenos resultados en el momento actual, los que conducen deben reforzar la identidad de grupo. Lo que también podríamos denominar egrégora, una especie de ser vivo que se alimenta de las energías de sus integrantes.

Estas personas trabajan muchas horas juntos y, gradualmente, el trabajo y la vida personal comienzan a compartir el mismo espacio. Los colegas empiezan a ser los mejores amigos. La jerarquía del líder se va modificando. El poder absolutista vigente en décadas pasadas va expandiéndose hacia un equipo, unido y de apoyo mutuo. Cuando esto es logrado la identidad de esa construcción supera a la individualidad y esto beneficia a los integrantes y al propio ente grupal.

En la mayoría de las organizaciones tradicionales la jerarquía dura constituye un fuerte obstáculo, a veces infranqueable, para los logros del conjunto.

Actualmente, la sensación de que líder y liderados no son iguales, contribuye a la construcción de un vacío y una distancia. Una brecha que se traduce en falta de confianza y dificultad para generar una sintonía plena.

Otro factor positivo a considerar es que los integrantes del grupo se solidaricen para instruirse entre sí. En el grupo que coordino y lidero, utilizamos este recurso, de manera frecuente y efectiva. Incluso, cuando sentimos necesidad de ampliar o actualizar algún conocimiento enviamos a uno de los integrantes (generalmente elegido por el propio grupo), a capacitarse mediante un curso específico con el compromiso que deberá enseñarnos lo que aprendió.

Esto produce más de un resultado: primero el conocimiento que es traído al grupo, la integración y jerarquización del que enseña y el agradecimiento de los que aprenden.

Con estas actitudes el grupo se consolida y adquiere una característica más familiar y plenamente unida. Se comparten logros y derrotas, siendo más digeribles ambas situaciones.

Recuerdo en una oportunidad que precisábamos actualizarnos en procesos de gestión y no contábamos con presupuesto suficiente para afrontar la inversión. Resolvimos en total acuerdo con los integrantes de mi grupo, solventar el costo del curso. El designado fue aprendiendo y transmitiendo al grupo las nuevas informaciones y procesos.

Fue una actitud que influyó positivamente en la identidad del grupo y la sensación de amistad fue reforzada. Por eso, tengamos en cuenta que en la actualidad el Equipo, es Rey.

¡Hasta la próxima semana!

Tolerancia: una pequeña virtud necesaria

En la década del 80 ya estaba ejerciendo funciones de liderazgo, conduciendo grupos numerosos y altamente conflictivos. Eran tiempos en que los líderes debíamos destacarnos por ser duros, severos y distantes. Nos inspirábamos en modelos generalmente autoritarios, que no aceptaban réplica a sus órdenes. Y ni pensar en el feedback tan utilizado actualmente. Si bien en lo personal no me sentía cómodo con ese formato, era el paradigma del momento y debíamos ubicarnos en el contexto social de la época. Un estilo más libre y menos duro era considerado fuente de indisciplina y quiebre de la cadena jerárquica.

Pero la sociedad ha cambiado a una velocidad inesperada. En la actualidad, un líder de las características descriptas resultaría anticuado e inútil para cualquier tipo de emprendimiento.

Sus dirigidos no lo aceptarían y generaría más disputas y conflictos que probables soluciones. Millennials, Zetas y nuevas generaciones no se adaptarían a formatos de conducción que coartaran sus ideas, necesidad de innovación o flexibilidad de horarios. Las organizaciones que no acepten esta realidad perderán plasticidad y velocidad en los constantes procesos de transformación.

Con optimismo, observo que la mayor transformación es la incorporación de la tolerancia, una creciente tendencia que se afirma por necesidad excluyente. Ya no hay otra forma posible. No hay espacio en los ámbitos productivos para desarrollarse con éxito en relaciones de trabajo intolerantes.

Vamos a entenderlo mejor: estamos en un momento de intenso cambio, de ajuste de funcionamiento a nuevas necesidades que ya constituyen un estilo de vida. Las nuevas camadas de colaboradores que ingresan al mercado traen otros hábitos, otra lógica y en consecuencia otras conductas. Se ha iniciado un movimiento de ruptura de los modelos de relaciones laborales conocidas. El empleo está en crisis. Como siempre, las crisis son generadoras de oportunidades extraordinarias, pero hay que prepararse para estas adaptaciones. Lo único predecible es que todo cambiará.

El momento obliga a los líderes a un gran esfuerzo para lograr la comprensión, asimilación y adaptación de los formatos de conducción conocidos, transformándolos en oportunidades de gestión que satisfagan a los colaboradores e intensifiquen los resultados.

La negociación, el diálogo, las estructuras más horizontales sin alterar el sentido jerárquico, son sutilezas de mucha importancia que se mueven en la cancha de las relaciones humanas.

Los que conducen grupos, si se adaptan, obtendrán una autoridad genuina que será validada por los propios liderados. En caso contrario, serán dueños de un poder vacío de autoridad que se irá licuando en corto tiempo.

La tolerancia, hoy, es la gran llave. Es una pequeña virtud, pero muy necesaria. Una forma accesible de sabiduría que se torna imprescindible. Y para conquistarla hay que desearlo con intensidad y entrenar en forma constante.

La actitud tolerante se opone al fanatismo, al sectarismo, al autoritarismo, en suma… a la intolerancia. Constituye una forma de respeto. No la considero una solución definitiva, pero al menos es un importante comienzo, una solución provisoria hasta que los condicionamientos se flexibilicen.

Lo más difícil de lograr es que la tolerancia sea sincera, auténtica y sentida. De no ser así, no funcionará. Las partes afectadas percibirán que es una actitud fingida y, por reflejo, se distanciarán más.

Hoy las personas necesitan liberar su potencial en ámbitos luminosos en los cuales predominen la buena comunicación, el estímulo, la transferencia de conocimientos y la valoración de los logros individuales y colectivos. Los antiguos formatos están ligados a las sombras y, para crecer, es imprescindible la luz.

Hasta la semana próxima.

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